jueves, 7 de noviembre de 2013

EL CINE POLÍTICAMENE CORRECTO, LA ÚLTIMA ASTRACANADA La más reciente mamarrachada (de que se tenga noticia) salida de un parlamento democrático llega desde Suecia, donde van a clasificar las películas en función de su aportación a la igualdad de género

Lo que el viento se llevó sería, según los extremistas de lo políticamente correcto, contraria a la igualdad de género.
Dice un viejo refrán español “cuando el diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo”, que más o menos quiere decir que el ocioso se entretiene con cualquier nimiedad, con cualquier tontería. Tal cosa suelen demostrar políticos de todo el mundo, que no encuentran nada provechoso en que gastar el tiempo y entonces se dedican a cualquier majadería. No hace mucho el parlamento belga dedicó horas y horas, días, semanas, a debatir si Tintín, el personaje de cómic, era o no racista…, con resultado absolutamente tan irrelevante como estéril. La última muestra de estupidez vana y petulante viene precisamente de la cámara parlamentaria sueca, que ha decidido clasificar las películas según su apoyo a la igualdad de género. Para ello usarán el Test de Bechdel, que básicamente dice que un filme es igualitario si al menos hay una escena en la que dos mujeres estén hablando de cualquier cosa que no sea un hombre.

La cosa es de aurora boreal, pues si en la peli una madre y su hija sólo salen juntas hablando de la muerte del marido y padre ¿ya no es igualitaria?, ¿y si hablan del bebé enfermo tampoco?, ¿y si la película está situada en época histórica y, por tanto, con diferente modo de pensar?, ¿y si es de submarinos en la II Guerra Mundial o de temas en los que no aparecen mujeres, o de adolescentes?... El test de aquel se muestra como lo que es, ridículo y con tanta base científica como la astrología, pues ¿por qué dos mujeres y no tres, o una en filosófico soliloquio?

Este tipo de ocurrencia de ociosos bienintencionados y faltos de un hervor tiene  precedentes, como aquella que prohíbe exhibir una película si no se retiran las escenas en las que salga alguien fumando; o sea, se pueden mostrar asesinatos o drogadictos en plena acción, pero lo de fumar, para cortos de entendederas, es peor. Sorprende que este tipo de gente crea a pies juntillas que disposiciones de este tipo van poco menos que a cambiar el mundo. Una cosa está clara, Suecia debe ser poco menos que el paraíso, pues sólo así se entiende que no haya asuntos más importantes en los que gastar tiempo y energías.  

Lo malo es que semejante clase de enfermedad (en sus múltiples variedades) es sumamente contagiosa entre congéneres, por lo que ya hay quien está dispuesto a imitarla, así que es de esperar que se convierta en epidemia y se propague por otros conciliábulos de políticos.

En este caso el refranero español vuelve a expresar con precisión el fondo de la cuestión: Un tonto hace ciento si le dan lugar y tiempo.

CARLOS DEL RIEGO