domingo, 26 de junio de 2022

LOS PRIMEROS FESTIVALES DE ROCK EN ESPAÑA. EL ENROLLAMIENTO DE LEÓN

 Algunas imágenes del enrollamiento de León


Así recogieron la noticia algunos en Burgos

Corrían los últimos meses de los cuarenta años. La música rock ya llevaba tiempo intentando asomar la cabeza aunque sin salir de los círculos más subterráneos e incluso marginales. A pesar de todo, de la falta de locales, de la escasez de material, de lo extraño que entonces sonaba lo de ‘concierto de rock’, éste era ya algo imparable también en aquella España

El primer verdadero festival de rock fue el de Burgos, en 1975, y poco después el de Canet, ambos antes de la muerte de Franco. Y el año siguiente se celebró el ‘I Enrollamiento Ciudad de León’. Fueron los primeros festivales, los que abrieron las puertas a los muchos que hoy se esparcen por todo el país. Casi medio siglo hace de aquello.  

En el verano del 75 se organizó el ’15 Horas de Música Pop Ciudad de Burgos’, que concentró en la plaza de toros a la mayoría de los grupos españoles que luchaban para hacerse ver y oír en un entorno poco favorable (como corresponde al rock & roll). Fue como el Woodstock español. En aquel maratoniano concierto imperó, ante todo e incluso por encima de la música, el buen rollo; la gente deseaba transmitir su ansia de libertad, comunicarse con el que estaba al lado y demostrar (tal vez sin saberlo) que ya se había asimilado el espíritu hippie, aunque con retraso y sin entender muy bien aquello de ‘haz el amor y no la guerra’ (sobre todo por lo difícil que era lo primero). El caso es que estaba naciendo una nueva forma de entender la música. En la escasa y casi subterránea prensa especializada se hablaba del ‘rollo’ (y a veces del ‘rrollo’) para referirse al ambiente del rock español, y por eso a algunos de aquellos primeros festivales se les llamó ‘enrollamientos’. El de Burgos presentó una amalgama heterogénea de grupos de rock, cantantes de ‘nova cançó’, cantautores protesta y bandas del más diverso pelaje, grupos como los sensacionales The Storm o los inigualables Burning, los casi olvidados Traidor, Inconfeso y Mártir, y la Companyia Eléctrica Dharma, Tílburi, Gualberto, Iceberg, Tartessos y otros. La prensa de la época seguía viendo el asunto como una plaga: “La invasión de la cochambre”, tituló La Voz de Castilla.

Pero lo mejor de aquella singular concentración es que abrió puertas. A partir de aquel momento se sucedieron citas similares, con muchos grupos en escena y con miles de jóvenes que querían compartir gustos musicales y aquel sentimiento fraternal que, ingenuo, impregnaba a todos los que se dejaban el pelo largo. El ‘rollo’ estaba asimilado.

Poco después (aun antes de la muerte de Franco) se organizó el ‘Festival Canet Rock’, que congregó a grupos y solistas del momento, muchos de ellos con propuestas reivindicativas y trasfondo político. Allí se reunieron alrededor de 40.000 jóvenes para ver a la Dharma, Sisa, Pau Riba, Oriol Tranvia, Granada, Toti Soler, Atila, Triana, Secta Sónica y algunos otros.

Y en el verano de 1976 se celebró el ‘I Enrollamiento Ciudad de León’. Fue en el palacio de los deportes y gracias al mismo organizador que el de Burgos, el inefable José Luis Fernández de Córdoba, todo un personaje sin el cual la explosión del rock en la España de los setenta no hubiera sido igual, incluso seguro que se hubiera retrasado. Un diario de León señalaba con grandes titulares “Capital de la mugre”, aunque el otro decía “León, capital del rock” para referirse a la celebración del gran concierto. Pero no hay que mirar el primer titular como algo extraño, puesto que la mayoría de los bienpensantes de la época asimilaban rock y suciedad, pelo largo y dejadez, juventud y drogas…, por no hablar que a muchos de los afines al rock se les tachaba, inmediata y despectivamente, de rojos.

Muchos amigos del buen rollo se llegaron a León desde muy diversas partes de España, pues un acontecimiento de este tipo era totalmente novedoso y atraía cantidad de gente. Si no totalmente lleno, el pabellón registró muy buena afluencia. Fulares, pantalones de pata de elefante, botas camperas, camisas estrechas…, y humo, mucho humo, cirros, cúmulos y nimbos sobrevolando la pista del recinto a medida que transcurría la tarde. Sí, gran parte era tabaco, pero también se olía el ‘costo’. Se perpetraron pequeñas transacciones y trapicheos, pero lo más abundante era una especie de intento de concelebración, con mucho “no tendrás una china”, “¡que corra, que corra!” o incluso el desesperado “¡eh, no tengas tanto cuello!”, pero todo ello de un modo muy natural, con muy “buen rollo tío”. Al día siguiente aquel diario decía que en el pabellón sólo había “... ruido, mugre, sudor, humo y desmadre”. Tenía razón en lo del humo, puesto que el interior del recinto era una inmensa nube.

Actuaron los grupos de rock punteros de la época, como los catalanes Iceberg, los sevillanos Triana (que estaban presentando el novísimo flamenco-rock), los cántabros Bloque, los madrileños Asfalto y Brakamán, y Atila, Coz, Pau Riba, Iceberg, Flamenco y la neoyorquina Nico (los grupos eran los que había, por lo que los carteles de cada festival se parecían bastante). Exótica fue la presencia de Nico, quien fuera integrante de los legendarios Velvet Underground de Lou Reed y que resultó un cuerpo extraño en el cartel, ya que lo suyo no era rock ni nada que se le pareciese. Salió a escena en solitario y empezó a cantar con su voz melancólica y un tono monocorde, casi sin acompañamiento; aquello no era lo que el público esperaba, así que se olvidó el buen rollo, el ambiente amistoso, cordial y cariñoso y empezó a silbar y gritar hasta que, afortunadamente para ella, alguien ‘ayudó’ a la rubísima cantante a dejar el escenario. Tras ella volvieron los grupos de rock para regocijo de aquella ‘cochambre’ que había invadido León. Hubo algún detenido, unos cuantos que se colaron y alguna pequeña trifulca, todo leve y previsible.

Y también se recuerda que, casi siempre, el sonido era infame. Aun así, para los que estuvieron en alguno de aquellos primeros festivales del rock será imposible sujetar la nostalgia cuando recuerden...

CARLOS DEL RIEGO

2 comentarios: