miércoles, 18 de diciembre de 2019

MUERTES VIOLENTAS QUE MUCHOS CONQUISTADORES ESPAÑOLES ENCONTRARON EN AMÉRICA

Pedro de Valdivia es capturado por los indios mapuche, que lo sometieron a horribles torturas (cuadro de Nicolás Guzmán Bustamante)


El que se lanza a la aventura sabe que no hay tal sin riesgos. Así lo asumieron los españoles que se fueron a las tierras recién descubiertas en las primeras décadas del siglo XVI; iban en busca de la fama y la fortuna, pero a sabiendas de que su vida iba a estar continuamente en peligro. Y así sucedió, pues muchos de ellos encontraron allí la muerte, la mayoría en la batalla o tras ser capturados por los indios, pero también fueron muy numerosos los españoles que murieron a manos de otros españoles o los que, simplemente, desaparecieron para siempre
Las recién descubiertas tierras americanas fueron un foco de atracción para miles de españoles (y extranjeros enrolados en expediciones hispanas) en las primeras décadas del siglo XVI, puesto que la promesa de enriquecerse, de lograr fama y, en fin, de vivir excitantes aventuras fue irresistible para gentes que, en el Viejo Continente, tenía escasas posibilidades de mejora. Y también sabían estos arrojados aventureros que iban a correr peligros extremos, que habrían de enfrentarse a lo desconocido y que su vida estaría pendiente de un hilo permanentemente. De hecho, fueron muchos, muchísimos, los que dejaron allí sus huesos…
Pánfilo de Narváez (1478-1528) fue uno de los peores conquistadores; torpe, inepto, irresponsable…, un auténtico incompetente que, incomprensiblemente, encabezó gran cantidad de empresas, saliendo siempre con el rabo entre las piernas. Fue lo que se dice un chapucero de la conquista de América, de hecho, es posible que el término pánfilo (que etimológicamente significaba bondadoso) empezara a usarse como sinónimo de tonto, bobalicón o incompetente en honor a Pánfilo de Narváez. Su última expedición, a la Florida, fue un desastre desde que se empezó a preparar hasta su final. Después de infinitas penalidades y de enfrentarse a indios y entorno, hizo construir unas pequeñas embarcaciones con las que llegar al mar siguiendo uno de los muchos cursos fluviales. Una noche estaba tan cansado que decidió quedarse en la pequeña barca en lugar de ir con sus hombres a pernoctar a la playa. Fue su postrera estupidez, ya que se desató una tormenta que arrastró la embarcación al mar y Pánfilo de Narváez desapareció para siempre.
Pedro Alonso Niño (1468-1502) también fue engullido por el mar. Él y sus hermanos Francisco y Juan acompañaron a Colón en el viaje descubridor; la carabela La Niña era de su propiedad y fue bautizada así por razones evidentes. Piloto de gran valía y experiencia, tomó parte activa en algunas de las primerísimas expediciones, incluso por el norte de Sudamérica (viven por allí muchos Niño, e incluso el héroe de la independencia de Colombia, Juan Nepomuceno Niño, fue descendiente directo de Pedro). En el verano de 1502, no muy lejos de las costas de Santo Domingo, un huracán se tragó el barco de Pedro Alonso Niño (y otros de su flota), quien se desvaneció de la Historia, junto a otras personalidades, sin dejar el mínimo rastro. Triste final para un  hombre de su temple y valía.
Una de las principales causas de muerte de los expedicionarios españoles fueron las envidias, rencores, codicia y traiciones de otros españoles. Por ejemplo Francisco Pizarro (1478-1541), conquistador de Perú, protagonista de una de las mayores proezas bélicas de toda la Historia (la batalla de Cajamarca, en la que 168 españoles derrotaron a más de 30.000 indios) y responsable de haber dado una insidiosa muerte al inca Atahualpa. Pero también él iba a padecer la traición. Sus enemigos, partidarios y familiares de Diego de Almagro (previamente ejecutado por los pizarristas), lo fueron a buscar a su casa de Lima, donde lo atacaron varios a la vez, lo rodearon, él se defendió con destreza y bravura, pero lo  cosieron a estocadas, chorreaba sangre cuando cayó, entonces rompieron un vasija en su rostro y, finalmente, lo acuchillaron en el cuello…
Claro que, antes, el propio Francisco Pizarro tomó parte en la captura y ejecución de Vasco Núñez de Balboa (1475-1519), el primer europeo que vio el océano Pacífico. Protagonizó increíbles aventuras por tierras americanas, conoció a grandes caciques y se casó con la hija de uno de ellos, pero no pudo enfrentarse a las interesadas (y seguramente falsas) acusaciones de traición del gobernador Pedrarias Dávila. Pizarro tomó parte en la captura de Núñez de Balboa y lo entregó a Pedrarias, quien lo condenó a ser decapitado por traidor, cargo que el condenado negó vehementemente. Celos, envidias y codicia están detrás de la acusación. Subió al cadalso gritando que jamás había traicionado al Rey o a su gobernador, y mientras Pedrarias Dávila observaba la escena cobardemente escondido, el verdugo le cortó la cabeza con un hacha (a él y a otros cuatro). Francisco Pizarro logró así el favor del gobernador, el mencionado Pedrarias, para emprender la conquista del Perú…
El explorador y cartógrafo Juan de la Cosa (1550 ó 60-1510) acompañó a Colón en sus viajes y suyo es el primer mapa (que se sepa) de las nuevas tierras. Formó parte de varias expediciones al mando de Colón, Alonso de Ojeda y otros, e incluso él mismo capitaneó algunas. Después de diversos enfrentamientos con los indios de la actual Colombia, fue capturado, torturado y acribillado a flechazos; cuando otros españoles encontraron sus restos afirmaron que su cuerpo tenía tantas flechas que parecía un erizo, y también que los indios se habían comido parte de su cuerpo.
Pedro de Valdivia (1497-1553) es uno de los nombres más sonoros de la conquista. Experto en mil batallas en Europa, descubrió y conquistó Chile y fundó Santiago. Capitaneó numerosas expediciones y peleó en infinidad de escaramuzas (contra indígenas y contra españoles). En la batalla final, superado numéricamente por los indios mapuches y cansadísimo tras horas de lucha, es derrotado y hecho prisionero. Durante tres días fue salvajemente torturado, le cortaron partes de su cuerpo y se las comieron delante de él, y aun vivo le extrajeron el corazón y se lo comieron.
Y tampoco se puede olvidar a Juan Argüello, soldado de Hernán Cortés. Tras una tremenda batalla y sangrando por todo el cuerpo fue hecho prisionero por los aztecas; herido de muerte lo llevaban para presentar tan bravo guerrero a Moctezuma, pero murió en el camino, así que le cortaron la cabeza (grande, con barba larga y cerrada, pelo encrespado y alborotado y, seguro, expresión de fiereza). Pero el emperador azteca se horrorizó al ver lo el cabezón de Argüello y ordenó que no lo ofrecieran en templos de México… ¡Y qué decir de los que, en la Noche Triste, murieron ahogados por no querer desprenderse del oro que llevaban encima!
No, no fue aquella una empresa fácil, al revés, los que allí estuvieron vivieron las mil calamidades y fueron pocos los que participaron en aquella asombrosa aventura y murieron en la cama (como Hernán Cortés).  
CARLOS DEL RIEGO

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