Ric Ocasek, líder de The Cars, siempre tuvo ese aspecto flacucho y escurrido, pero también ese toque de clase |
Aunque no puede
decirse que en España The Cars fuera un grupo multitudinario (en otros lugares
sí logró gran repercusión en las listas), sí es cierto que cuenta con muchos
incondicionales, exigentes seguidores del pop y el rock que supieron apreciar
la elegante aportación del grupo de Boston. Hace unos días falleció Rick
Ocasek, cantante, compositor, guitarrista y líder de la banda (junto a Benjamin
Orr, muerto hace dos décadas); parece el momento oportuno para volver la mirada
a un grupo único
The Cars siempre se
caracterizaron por sus composiciones brillantes, un sonido muy pulido y un
acabado elegantísimo, de modo que bien puede decirse que The Cars dio un toque
de clase y distinción a la nueva ola estadounidense; guitarras distorsionadas,
punteos, arreglos, todo transmitía una sensación de estilo, de buen gusto; de
hecho, incluso consiguieron que el típico órgano chillón tan típico de los
ochenta resultara atractivo. Gran parte de sus deliciosas canciones fueron
ideadas por Rick Ocasek, que acaba de fallecer a los 75 años a causa de una
enfermedad cardiovascular hipertensiva y aterosclerótica (un tipo tan exigente
y fino como él no iba a palmar de algo vulgar); lo encontró en la cama su ex
mujer, que entró en su dormitorio por la mañana, le tocó la cara e
inmediatamente supo que había muerto mientras dormía.
Ric Ocasek y Benjamin
Orr formaron unos cuantos grupos, todos fallidos, hasta que un día se vieron
ellos solos como dúo de pequeño pub, obligados a trabajar de día como
dependientes; también hacían trabajos de carpintería para el jefe del comercio
en el que trabajaban, y con lo que sacaron grabaron unas cuantas maquetas. En
1976 decidieron dar forma a otra banda y, tras reclutar a sus componentes,
optaron por llamarse The Cars; David Robinson, el batería, recordaba: “No
indicaba vínculo con ningún sonido o época, no tenía mayor sentido, además, a
Ric le gustó que Cars estuviera muy al principio del alfabeto, lo cual
significaría un buen sitio en las estanterías de las tiendas”.
Para el año 1977 la new wave inundaba emisoras de radio y
listas de ventas, y el sonido refinado propuesto por The Cars encajaba a la
perfección con lo que las discográficas buscaban y con lo que el público
demandaba; de este modo, en febrero del año siguiente publicaron su primer
disco, y tenían las ideas tan claras que lo grabaron en apenas doce días. Sin
embargo, aunque los temas parecen sencillos (hasta cierto punto), en muchas
ocasiones su gestación fue muy larga. Así fue con uno de sus álbumes más
exitosos, ‘Shake it up’ (1981). Según Robinson, los temas de este disco estaban
escritos mucho antes, e incluso habían sido grabados varias veces, pero no
daban con lo que querían y nunca les convencía el resultado final: “Lo grabamos
un par de veces y luego lo rechazamos, lo tiramos”. Finalmente recuperaron
aquellas canciones para el que sería su cuarto álbum, aunque sólo se
convencieron cuando optaron por rehacerlo todo, de principio a fin. El batería
recuerda: “Nos dijimos, comencemos de nuevo como si nunca lo hubiéramos
escuchado, cambiemos completamente cada parte, y así lo hicimos". Y la
cosa funcionó, pues con ese Lp entraron en el top 10. Lo curioso es que Ric
Ocasek seguía maldiciendo algunas canciones: "Algunas de las letras que he
escrito son una mierda", dijo, y añadió: "Para empezar, no estoy orgulloso
de la del propio tema ‘Shake it up’”.
Las voces solistas de
The Cars eran las de Orr y Ocasek, que a veces sonaban tan parecidas que
resultaba difícil distinguirlas: “Creo que nuestras voces son similares porque
pasamos muchos años juntos, en cada banda en la que he estado también estaba
él”, dijo Ric. Ambos fueron amigos inseparables, pero nada es para siempre, y
en la que fue la última gira de la banda, en los últimos ochenta del siglo
pasado, “Ben había comenzado a viajar en su propio autobús, él solo, y en muy
raras ocasiones hablaba conmigo”, explicó Ocasek, “además, había empezado a
beber”. Pero lo que supuso la ruptura total fue la idea de Ben Orr de incluir
en The Cars canciones escritas a medias con su novia, a lo que Ric se opuso
frontalmente. No sólo fue el fin del grupo, sino también el enfado de los dos
líderes, que no se hablaron durante los siguientes diez años. Se reconciliaron
poco antes de la muerte de Orr, por cáncer de páncreas, en 2000.
Hubo más de un
intento de revitalizar el grupo, primero sin Orr y Ocasek, y hacia 2010 ya con
éste; grabaron y dieron una gira. Finalmente, en 2018, The Cars, excepto Orr,
tocaron juntos por última vez cuando ingresaron en el Salón de la Fama del
Rock. Un año después, hace unos días, Rick Ocasek se fue definitivamente. Seguro
que al llegar buscaría a su eterno colega Ben Orr.
Sí, fue un grupo
único, distinto. Posiblemente con The Cars el pop-rock estadounidense alcanzó
las más altas cotas de la excelencia formal. Piezas como ‘Touch and go’, ‘Since
you´re gone’, ‘Drive’, Shake it up’ o ‘My best friend´s girl’ tienen un algo especial
y diferenciador; sin olvidar la inconfundible e irresistible ‘You might thing’,
una de esas canciones que gustan a todo el mundo y cuyo video está en la
colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York; de hecho, entre
otros logros, superó como mejor vídeo-clip al multimillonario ‘Thriller’ de
Michael Jackson en los primeros MTV Video Music Awards, en 1984.
Ric Ocasek y The Cars
ya son historia del rock. Su estiloso sonido, su querencia por el buen gusto y
la personalidad (heredados de modelos como Bowie o Roxy Music) los han situado
para siempre en las páginas más distinguidas del libro del rock.
CARLOS DEL RIEGO
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