miércoles, 21 de marzo de 2018

EL ESCÁNDALO FACEBOOK: LA INFORMACIÓN ES PODER La red social se ha metido en un lío del que le será difícil y costoso salir. Como es sabido, la ‘cara-libro’ cedió datos de 50 millones de usuarios a una empresa de estudios sociológicos, la cual los usó maliciosamente. Lo peor es que esos datos los regaló cada usuario

No es aconsejable difundir intimidades e informaciones personales,
ya que pueden caer en manos maliciosas.


La cosa tiene varias e interesantes vertientes, todas ellas inquietantes. El mayor problema reside en que gran parte de los que tienen cuenta en Facebook están continuamente regalando información sobre sí mismos; así, se difunden fotos y vídeos  personales, de la familia, de los amigos, de las reuniones, de lo que se come, de los viajes…, e igualmente se entregan libremente opiniones, gustos y preferencias, creencias, compras, visitas… Así, cualquiera que se ponga a ello podrá hacer un recuento, una clasificación de todo y trazar no sólo un perfil sicológico del individuo, sino tendrá acceso a todos los datos que desee, desde el número de zapato hasta cuándo se corta las uñas.

Todo ese caudal de referencias se convierte en información personal y precisa de cada uno, una información que en las manos adecuadas equivale a poder, tanto político como social o económico. Así, conociendo todo lo que cada cliente ha publicitado, los expertos podrán no sólo aburrirle con publicidad comercial específica para él, sino que le harán llegar noticias que coinciden con lo que el individuo está dispuesto a creer (cosa que él mismo difunde), y claro, no faltarán los bulos, mentiras, intoxicaciones y tergiversaciones interesadas. Por ejemplo, se sabe que mediante estas tácticas se ha influido en referéndums, consultas y elecciones, es decir, con el uso de los datos que el cliente de Facebook (y otras redes) regala se ha intervenido de modo decisivo (y malicioso) en la toma de decisiones de gran trascendencia.

Además, dado que fácilmente se puede deducir cómo piensa y qué creencia tiene la persona que se expone continuamente en internet, resultará muy sencillo hacerle tragar cualquier patraña que coincida con su pensamiento, e incluso él mismo se encargará de difundir el bulo aun cuando ya sea consciente de que se trata de una falsedad; de este modo, la mentira interesada llegará a más gente dispuesta a creer, y cuando se desmienta la paparrucha siempre quedará algo: difama, que algo queda, dice el refrán, y también vale el de ‘cuando el río suena…’.

En pocas palabras: regalar información es regalar poder. Los miles de millones de personas que utilizan la mencionada red social deben ser conscientes de que cada vez que suben noticia de qué hacen, qué les gusta, cómo piensan, quiénes son amigos y quiénes enemigos, dónde trabajan, a dónde van de vacaciones o cómo les gusta el chuletón, están incrementando el poder de quien tiene acceso a ello y medios para utilizarlo. Por no mencionar a los que, estúpidamente, suben a internet pruebas irrefutables de un delito cometido, como los que se graban a 200 por hora o agrediendo  a otro…, con lo que se lo ponen en bandeja a la policía a la vez que hacen alarde y presunción de la magnitud de su idiocia. 

Y también hay que tener en cuenta que todo se puede fabricar, todo se puede ‘cocinar’. Por ejemplo, hace unos meses se probó de modo empírico cómo se fabrican personajes. Una empresa de investigación encargó a otra especializada la ‘creación’ de seguidores y ‘me gusta’; y es que por un precio módico hay firmas que disparan el número de simpatizantes de una página o sitio web utilizando robots, y así se consigue el ascenso a la categoría de ‘influencer’; entonces, basándose en el número de adeptos capturados (cien mil, quinientos mil), habrá marcas interesadas en pagar al susodicho, al ‘influenciador’, para que publicite sus productos y los recomiende en su página. Igualmente puede hacerse en otros terrenos; por ejemplo, se empieza a propagar que tal candidato o partido cuenta con millones de seguidores, con lo que muchos pensarán que más vale unirse a la corriente dominante y no desperdiciar el voto, o que su elección es inevitable y no merece la pena ir a votar, o que para que no salga ese se vota a un tercero aunque no le guste… 

Y toda esa manipulación, todas esas modalidades de tergiversación de realidades, así como el uso malicioso de las redes, es posible gracias a que el propio usuario, libre e ingenuamente, entrega y anuncia al mundo todas sus intimidades. Es algo parecido a lo que ocurre cuando se contesta a las encuestas, ya sean personales, por teléfono o de otros modos: si el individuo se pliega mansamente y responde a todo lo que se le pregunta, estará desvelando no sólo gustos y preferencias, sino que estará regalando información sensible sobre sí mismo e incluso regalando su propio tiempo.

Es un pensamiento muy cierto: la información es poder; antes de la era digital, quienes deseaban conocer datos de los ciudadanos lo tenían muy difícil, mientras que hoy sólo tienen que ir a las redes y tomarlo. En fin, parece tonto regalar información, o sea poder, a los ya poderosos.

CARLOS DEL RIEGO