lunes, 7 de octubre de 2013

THE CLASH VUELVE A ESCENA Acaba de ponerse a la venta una recopilación monumental con la discografía de The Clash, la potente banda británica de punk-rock; un inmejorable pretexto para recordar lo mejor de la trayectoria del grupo del malogrado Joe Strummer.

The Clash en escena, viva imagen del punk 77.
Se trata de una caja con casi todos los discos del cuarteto, pues sólo falta el último, que es bastante flojo y ha sido considerado como ajeno al grupo al faltar Mick Jones; se completa con tomas alternativas, caras B y demás parafernalia imprescindible cuando se quiere llamar la atención de los incondicionales que dispongan de 200 pavos.

                                

Aparecidos en plena efervescencia de la primera hornada del punk británico, sólo estuvieron diez años en activo, de 1976 a 1986, en los que tuvieron tiempo de hacer álbumes antológicos y canciones imperecederas. Ideológicamente The Clash estaban tan a la izquierda como mandaban los cánones de la juventud de aquel lugar en aquella época, con textos tremendamente combativos, revoltosos, protestones, llenos de dardos contra el sistema y casi siempre firmados por Joe Strummer; sin embargo, el grupo (y su letrista) no era anarquista y no proclamaban el incendiario ‘no future’, formas adoptadas por el punk, sino que lo suyo era algo más inteligente, más abierto, de hecho en no pocos de sus textos lo que hacen es instigar, azuzar a la juventud británica a echarse a la calle y participar más activamente en política; antiimperialistas y antimonárquicos, apoyaban a grupos armados y violentos, como las Brigadas Rojas, la Fracción del Ejército Rojo, el Frente Sandinista...  

Pero a pesar de su pureza ideológica (liderada por Strummer pero con contestación de Jones), pronto evolucionaron lo suficiente como para aventurarse por otros caminos musicales. Sus dos primeros discos muestran el punk feroz y agresivo tan deudor de su momento, pero eso sí, sus canciones tienen más construcción que las de sus contemporáneos e incluso muy pronto empiezan a aparecer referencias a otros géneros; así en su primer disco ya hay un reggae, una versión del ‘Police & thieves’ (Strummer escuchaba ritmo jamaicano desde pequeño).

                                 

La cumbre artística de la banda llega en 1979, cuando de la mano de un viejo zorro que se las sabía todas (Guy Stevens) publican el extraordinario ‘London Calling’, un doble a precio sencillo con canciones sublimes, apasionadas, rabiosas, pero también cargadas de sentimiento e incluso elegancia, algo absolutamente atípico en cualquier punk que se preciara. El álbum empieza con una de las entradas más famosas de la historia del rock, mostrando la voz de Joe como suplicante, como si clamara; es el tema que da título al álbum una canción asombrosa por su simpleza y contundencia, por su capacidad de hechizo y su potencia, por sus efectos y arreglos, por sus cambios vertiginosos, por sus guitarras…, y es imposible no cantar junto a Joe. Pero es que la siguiente es una trepidante versión del ‘Brand new Cadillac’ de Vince Taylor, convertida aquí en rockabilly irresistible, de esos que impiden la quietud. El nivel se mantiene con la maravilla ‘Jimmy Jazz’, que hace honor a su título y que ha sido capaz de atraer a cualquiera que la haya escuchado, independientemente de su edad, gustos o modas; es refinada, pulcra…, deliciosa. Luego la cosa vuelve a ponerse ardiente con ‘Hateful’, dotada de un ritmo, cambios y puentes instrumentales absolutamente arrebatadores…, imposible sustraerse a sus guitarras y su precioso estribillo. Y para cerrar una de las caras más perfectas de toda la historia de la música rock en cualquiera de sus variantes, ‘Rudie can´t fail, otra demostración de talento, con un Joe Strummer más vehemente que nunca, con arreglos múltiples, melodía y estribillo cargados de ingenio e imaginación. ¡Qué cinco canciones!; habría que ir a Beatles o Stones para encontrar tanto en tan poco espacio. Pero es que la cara B del primer disco se inicia con el inmortal ‘Spanish bombs’ y sus frases en (malísimo) castellano, que tanto juego dieron en aquellos últimos setenta y primeros ochenta del siglo XX; la combinación de guitarras (eléctricas y acústicas) resulta tremendamente efectiva, con teclados sutiles y musculoso ritmo; cuando la tocaron en directo en España en su primera visita se produjo el delirio, todo el pabellón gritando como si hubieran pulsado algún resorte a la vez en los diez mil asistentes, que enardecidos saltaban y cantaban como si su vida dependiera de ello…, fue un 

momento memorable. El resto de la cara es asimismo excelente, pero si hay que destacar ha de ser ‘Lost in the supermarket’ por su dinamismo y la exuberante atmósfera que crea (a pesar de hablar contra el consumismo). El disco dos empieza con un ska hipervitaminado, una versión del ‘Wrong Em´boyo’, seguido del existencialista ‘Death or glory’…; este segundo disco contiene otros títulos de máxima calidad, aunque menos conocidos. Sea como sea, tan extraordinario álbum termina con una canción fantasma, pues el tema ‘Train in vain’, pop de altísimo standing, no viene consignado en los créditos, está como quinto corte de la cara B del segundo disco pero su título no aparece ni en la carpeta ni en la etiqueta.

Se trata, en fin, de una colección de canciones de las más diversas especies y pelajes que poseen propiedades estimulantes, revitalizantes, gratificantes…, cuando se desea que el cerebro segregue una buena cantidad de endorfinas, millones de personas en el mundo recurren al ‘London calling’. Es infalible.

El año siguiente lanzaron el triple ‘Sandinista’ (de nuevo a precio de un solo elepé, a costa de los beneficios del grupo… al menos eso decían en 1980), que fue como una selva de canciones (tres docenas) en la que vuelven a recorrer múltiples estilos y ritmos con aplomo y conocimiento. Si hubiera que subrayar alguna serían, ¡cómo no!, ‘The magnificent seven’ (que es casi un rap…, sin casi) y la delicada melodía en clave góspel ‘Hitsville Uk’. Ni que decir tiene que las letras componen un enorme y musical panfleto que apoya todo lo que esté a este lado y maldice todo lo que esté al otro. En general, los textos de The Clash, atiborrados de política, suelen pecar de demagogia, de visitar en exceso tópicos y lugares comunes, y de una combativa, intolerante y excluyente ideología…, en realidad no podían decir otra cosa; por otro lado, en los dos últimos años de los setenta del siglo pasado en España apenas se prestaba atención a las letras, quedándose el personal con lo que insinuara el título o alguna que otra frase que alguien traducía; lo importante eran las canciones, las guitarras, las melodías.

Ya en 1982 lanzan el explícito ‘Combat rock’, que volvía a incluir piezas emblemáticas, como el magnífico ‘Should I stay or should I go’, el cual muestra un grupo de punk 77 con toda su energía; por cierto, los coros vuelven a ser en español sudamericano; también aquí están el reivindicativo ‘Know your rights’ y la cadenciosa y bamboleante ‘Rock the Casbah’, tal vez el canto de cisne de The Clash, su última gran canción.

En apenas diez años Strummer, Jones, Simonon y Headon (o Chimes) crearon un sonido, un estilo y una colección de canciones superlativas. Muerto el primero hace más de diez años, siempre es buen momento para recordar todo aquello.  
           

CARLOS DEL RIEGO