domingo, 15 de mayo de 2022

TRES PRECURSORES DEL ROCK & ROLL CUYA MUERTE FUE TEMPRANA Y EVITABLE

 

Johnny Ace no tenía 25 años cuando se puso a jugar a la ruleta rusa



 Hank Williams, uno de los grandes talentos del country, pionero del rock, que no cumplió la treintena

Lápida que Janis Joplin hizo erigir en 1970 en la tumba de la gran cantante Bessie Smith

Si fascinantes son las vidas de las estrellas del rock, no menos resultan las  muertes de los que se fueron demasiado pronto y de un modo fácilmente evitable. Cualquier aficionado a este negocio podría enumerar unos cuantos caídos por la causa del rock, incluyendo los que no pasaron de los 27. Menos conocidos son algunos auténticos precursores cuya estrella se apagó antes de la irrupción del rock & roll, como la cantante de blues Bessie Smith, el genial Hank Williams o Johnny Ace, muertos muy antes de tiempo y sin ‘necesidad’

 

Entre los principales enemigos de los profesionales del rock & roll están la carretera, las drogas, el exceso, el racismo…, mucho más que la censura o las prohibiciones. Lo sorprendente es que, antes incluso de que este movimiento hiciera su aparición estelar a mediados del siglo pasado, hubo músicos de estilos afines y fundacionales que murieron como lo harán las posteriores estrellas del rock, en la carretera, por drogas y alcohol o por estúpidos excesos.

 

Bessie Smith (1894-1937) siempre es nombrada como una de las más importantes e influyentes cantantes de blues. En los primeros años 20 empezaron a venderse discos de blues, con lo que Bessie se hizo con un puesto entre las grandes. Después de una corta carrera (pasando por los ‘felices 20’, la Gran Depresión y las nuevas modas), la ‘Emperatriz del blues’ fue de las primeras ‘blues-woman’ que vendió cifras de discos millonarias. En septiembre de 1937, cuando iba a un concierto en Misisipi, en el viejo Packard que conducía su compañero Richard Morgan, sufrió un gravísimo accidente. Según unas versiones, llamaron a una ambulancia que la llevó a un cercano hospital para blancos, donde fue rechazado su ingreso; cuando finalmente llegó a un hospital para negros su estado era irreversible y murió unas horas después sin recobrar el reconocimiento (y tras algunas operaciones en las que le amputaron un brazo); otra versión dice que el conductor de ambulancia (fuera blanco o negro) nunca la hubiera intentado ingresar en un centro para blancos, sin embargo, cuando un biógrafo preguntó a uno de los médicos del primer hospital, éste calló y bajó la vista; también se ha escrito que las ambulancias pasaron de largo al ver que el herido era una negra. Ocurriese lo que ocurriese, lo más probable es que en un estado del sur como Misisipi, donde el racismo era lo normal, lo ‘natural’, una negra no sería aceptada en un hospital ‘for whites only’ por muy grave que estuviese. Su tumba permaneció sin nombre hasta que, en 1970, una admiradora llamada Janis Joplin pagó y colocó una inscripción en piedra en memoria de aquella enorme cantante de blues que murió pronto, por culpa de la carretera y del racismo.     

 

 

Hank Williams (1923-1953) es uno de los grandes compositores, guitarristas y cantantes de música country de todos los tiempos. Su lista de canciones de éxito es interminable, y su influencia en lo que estaba a punto de llegar fue poderosa, decisiva. Padecía dolor crónico a causa de su espina bífida oculta, y con 18 años sufrió una caída que acentuó sus dolores, los cuales lo condujeron a la morfina y al alcohol. Williams, enfermo ya del corazón, drogado y, seguro, muy bebido, viajaba en el asiento de atrás de su Cadillac en la noche del 1 de enero del 53. Su chófer le indicó que iba a parar a cenar algo, pero Hank dijo  que no tenía hambre y que él no bajaría del coche… Y esas fueron sus últimas palabras, pues cuando el conductor  volvió se puso al volante sin más, creyendo que el músico dormía, hasta que paró a echar gasolina y se dio cuenta de que el Hank Williams estaba muerto. Según testigos, cuando la policía revisó el coche encontró muchas latas de cerveza, botellas e infinidad de papeles con letras de canciones. No había cumplido la treintena y ya tenía un enorme catálogo de canciones de gran éxito, muchas de las cuales siguen siendo tan irresistibles para otros músicos como para el amante del rock. Dos tópicos asesinos de artistas acabaron con él, la carretera y la droga.

 

Johnny Ace (1929-1954) comenzó a cantar en la iglesia, como tantos otros. Primero góspel, luego blues, soul, rythm & blues…, y si no hubiera cometido aquella estupidez habría sido un pionero del rock & roll, seguro. Pianista y cantante de enorme talento, colocó no pocos de sus discos en lo alto de las listas en los primeros años cincuenta. El 25 de diciembre del 54, en el camerino, entre un show y otro, volvió a sacar el revólver que tanto le gustaba manejar. Entre grandes risas apuntó a los demás, a su novia y a sí mismo…, y mientras se apuntaba a la sien reía y trataba de tranquilizarlos diciendo que sabía exactamente dónde estaba la única bala que había en el tambor. Y en ese momento sonó un tiro. Y Johnny cayó muerto con la cara destrozada. Su mayor éxito llegó unos meses después. Aun no hacía rock & roll, pero Johnny Ace ya tenía ese impulso de traspasar los límites, de jugar entre la vida y la muerte que caracterizará a muchas estrellas del rock.  

 

Menos de un año después, en 1955, un tal Bill Haley & his Comets…, esta historia ya la conocen quienes viven el rock & roll.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario