Si fascinantes son las vidas de las estrellas del rock, no menos
resultan las muertes de los que se
fueron demasiado pronto y de un modo fácilmente evitable. Cualquier aficionado
a este negocio podría enumerar unos cuantos caídos por la causa del rock,
incluyendo los que no pasaron de los 27. Menos conocidos son algunos auténticos
precursores cuya estrella se apagó antes de la irrupción del rock & roll,
como la cantante de blues Bessie Smith, el genial Hank Williams o Johnny Ace,
muertos muy antes de tiempo y sin ‘necesidad’
Entre los principales enemigos de los profesionales del rock
& roll están la carretera, las drogas, el exceso, el racismo…, mucho más
que la censura o las prohibiciones. Lo sorprendente es que, antes incluso de
que este movimiento hiciera su aparición estelar a mediados del siglo pasado,
hubo músicos de estilos afines y fundacionales que murieron como lo harán las
posteriores estrellas del rock, en la carretera, por drogas y alcohol o por
estúpidos excesos.
Bessie Smith (1894-1937) siempre es nombrada como una de las más
importantes e influyentes cantantes de blues. En los primeros años 20 empezaron
a venderse discos de blues, con lo que Bessie se hizo con un puesto entre las
grandes. Después de una corta carrera (pasando por los ‘felices 20’, la Gran
Depresión y las nuevas modas), la ‘Emperatriz del blues’ fue de las primeras
‘blues-woman’ que vendió cifras de discos millonarias. En septiembre de 1937,
cuando iba a un concierto en Misisipi, en el viejo Packard que conducía su
compañero Richard Morgan, sufrió un gravísimo accidente. Según unas versiones,
llamaron a una ambulancia que la llevó a un cercano hospital para blancos,
donde fue rechazado su ingreso; cuando finalmente llegó a un hospital para
negros su estado era irreversible y murió unas horas después sin recobrar el
reconocimiento (y tras algunas operaciones en las que le amputaron un brazo); otra
versión dice que el conductor de ambulancia (fuera blanco o negro) nunca la
hubiera intentado ingresar en un centro para blancos, sin embargo, cuando un
biógrafo preguntó a uno de los médicos del primer hospital, éste calló y bajó
la vista; también se ha escrito que las ambulancias pasaron de largo al ver que
el herido era una negra. Ocurriese lo que ocurriese, lo más probable es que en
un estado del sur como Misisipi, donde el racismo era lo normal, lo ‘natural’,
una negra no sería aceptada en un hospital ‘for whites only’ por muy grave que
estuviese. Su tumba permaneció sin nombre hasta que, en 1970, una admiradora
llamada Janis Joplin pagó y colocó una inscripción en piedra en memoria de
aquella enorme cantante de blues que murió pronto, por culpa de la carretera y
del racismo.
Hank Williams (1923-1953) es uno de los grandes compositores,
guitarristas y cantantes de música country de todos los tiempos. Su lista de
canciones de éxito es interminable, y su influencia en lo que estaba a punto de
llegar fue poderosa, decisiva. Padecía dolor crónico a causa de su espina
bífida oculta, y con 18 años sufrió una caída que acentuó sus dolores, los
cuales lo condujeron a la morfina y al alcohol. Williams, enfermo ya del
corazón, drogado y, seguro, muy bebido, viajaba en el asiento de atrás de su
Cadillac en la noche del 1 de enero del 53. Su chófer le indicó que iba a parar
a cenar algo, pero Hank dijo que no
tenía hambre y que él no bajaría del coche… Y esas fueron sus últimas palabras,
pues cuando el conductor volvió se puso
al volante sin más, creyendo que el músico dormía, hasta que paró a echar
gasolina y se dio cuenta de que el Hank Williams estaba muerto. Según testigos,
cuando la policía revisó el coche encontró muchas latas de cerveza, botellas e
infinidad de papeles con letras de canciones. No había cumplido la treintena y
ya tenía un enorme catálogo de canciones de gran éxito, muchas de las cuales
siguen siendo tan irresistibles para otros músicos como para el amante del
rock. Dos tópicos asesinos de artistas acabaron con él, la carretera y la
droga.
Johnny Ace (1929-1954) comenzó a cantar en la iglesia, como
tantos otros. Primero góspel, luego blues, soul, rythm & blues…, y si no
hubiera cometido aquella estupidez habría sido un pionero del rock & roll,
seguro. Pianista y cantante de enorme talento, colocó no pocos de sus discos en
lo alto de las listas en los primeros años cincuenta. El 25 de diciembre del
54, en el camerino, entre un show y otro, volvió a sacar el revólver que tanto
le gustaba manejar. Entre grandes risas apuntó a los demás, a su novia y a sí
mismo…, y mientras se apuntaba a la sien reía y trataba de tranquilizarlos
diciendo que sabía exactamente dónde estaba la única bala que había en el
tambor. Y en ese momento sonó un tiro. Y Johnny cayó muerto con la cara
destrozada. Su mayor éxito llegó unos meses después. Aun no hacía rock &
roll, pero Johnny Ace ya tenía ese impulso de traspasar los límites, de jugar
entre la vida y la muerte que caracterizará a muchas estrellas del rock.
Menos de un año después, en 1955, un tal Bill Haley & his
Comets…, esta historia ya la conocen quienes viven el rock & roll.
CARLOS DEL RIEGO
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