domingo, 23 de julio de 2017

EL ROCK TAMBIÉN CONOCE LA CÁRCEL En el barrio del rock & roll no es un desprestigio haber pasado una temporada entre rejas, incluso hay veces que aporta currículo. De hecho, muchas grandes estrellas conocen bien la trena; tampoco faltan grandes canciones que hablen de ello.

Leadbelly (con su guitarra de 12 cuerdas) pasó muchos años en la cárcel, y supo captar y transmitir lo que allí se siente.

En los últimos tiempos se está viendo cómo peces gordos de diversos sectores tienen que hacer el hatillo para disfrutar de una habitación con la taza del wáter al lado de la cama. Esto le puede pasar a cualquiera (nunca se sabe qué vendrá mañana), incluyendo las grandes figuras del rock que, siempre dispuestas a desafiar a la autoridad, también pueden contar historias carcelarias de primera mano. Y como es lógico, el tema ha seducido a no pocos de los que escriben rock & roll con excelentes resultados (en realidad, la privación de libertad ha sido tema recurrente en gran parte de los autores que, a lo largo de la historia, han escrito bajo cualquier modalidad literaria).

La lista de ex-presidiarios que triunfaron en los templos del rock es larga, y los motivos por los que ingresaron también son variados. Aunque estrictamente no se le puede encuadrar en el género, sí puede decirse que el bluesman Leadbelly pertenece a la estirpe del rock; enormemente dotado para la música, el hombre tuvo varios y graves tropiezos que lo condujeron al trullo no menos de tres veces, la primera en 1915: por asalto, homicidio e intento de homicidio penó 2, 7 y 4 años; allí dio forma a un tradicional de penitenciario que, al parecer, ya cantaban otros presos, el magnífico ‘Midnight Special’, al que Leadbelly añadió versos. Versioneada hasta el infinito (inolvidable la de los Creedence), el tema es evidente: cada día te levantas sabiendo que todo será igual que ayer y que habrá poca comida, pero más vale no quejarse porque el que manda puede buscarte más ruina; también aconseja no armar bronca, pues el sheriff te pillará, sus ayudantes te humillarán y, antes de que te des cuenta, estarás en la trena; a pesar de todo siempre podrás soñar con el ‘Especial de Medianoche’, un tren imaginario que te lanza luz y que viene a ser la esperanza de recobrar un día la libertad.

Mucho después, algunos de los que triunfaron en ese derivado del blues que es el rock & roll supieron por experiencia propia de qué iba aquella canción. Como el ya eterno Chuck Berry, quien por llevar en su coche a una menor de un estado a otro con fines dudosos se comió unos 20 meses, aunque ya conocía el trullo, por robo, desde su juventud. La insuperable blueswoman Billie Holliday pencó, al menos, 10 meses por drogas, aunque de haber vivido hubieran sido más, ya que fue arrestada en su lecho de muerte… Por la misma causa estuvo en el maco Ike Turner 19 meses, aunque deberían haberle caído 19 años por el infierno al que sometió a su esposa Tina. El gran productor Phil Spector, colérico y de gatillo fácil, está actualmente cumpliendo 19 años por asesinar a una actriz. El pervertido Gary Glitter (que no debería salir jamás) pasó primero 9 meses, luego 3 años y actualmente cumple 16 (desde hace 2), siempre por lo mismo, por pederastia. Muy conocido es el caso de Sid Vicious, quien, en libertad provisional bajo fianza por la muerte de su novia, agredió brutalmente a una persona, lo que le llevó a la cárcel durante un par de meses, pero apenas unas horas después de salir… David Crosby cumplió nueve meses por posesión de armas y drogas; Keith Richards estuvo dos meses, y su cómplice Mick Jagger apenas un par de días, ambos por asuntos de drogas. Y no se pueden olvidar los nueve días en los que Paul McCartney conoció los calabozos japoneses a causa de la marihuana (seguramente tras chivatazo de Yoko). Hasta el siempre elegante David Bowie supo qué era eso durante unas horas, por lo mismo, por posesión de sustancias prohibidas.

Johnny Cash grabó todo un Lp en la cárcel, y aunque no fue preso, tocó varias veces para los internos, algo que, según él, significó experiencia determinante en su vida; asimismo, ‘El hombre de negro’ quedó tan impresionado que firmó emotivas canciones sobre la prisión, entre ellas la excelente ‘Folsom prison blues’; con un delicioso sabor country, habla de todo lo que añora el que está encerrado, oye el tren y se imagina a la gente que puede ir y venir con libertad…, y todo por no hacer caso a su madre cuando le aconsejaba que se alejara de las armas.

Hablando de canciones de la cárcel, imposible no recordar el ‘Jailhouse rock’ de Elvis, que muestra una prisión donde todo el mundo canta y baila el rock, hasta el punto de que uno quiere escapar aprovechando la distracción, pero el compañero le dice que ni hablar, que prefiere quedarse y disfrutar. También de los años cincuenta es el poderoso rythm & blues ‘Riot in cell block number 9’, o sea, motín en el bloque 9, compuesto por Leiber y Stoler y con múltiples versiones (sensacional la de Blues Brothers y apabullante la de Commander Cody); la cosa va de eso, de una revuelta en la penitenciaría, la cual no cesa aunque algunos guardias amenazan con la silla eléctrica…, hasta que al final, los gases lacrimógenos hacen que todo el mundo vuelva a su celda.  

El gran Sam Cooke escribió en 1960 ‘Chain gang’ después de ver una cadena de presos forzados a tirar de pico y pala en las cunetas de la carretera; envuelto en un elegante tono soul y con elocuentes ruidos metálicos, expresa la desesperación de los condenados, que lamentan la dureza del trabajo, las carencias, la sed…, pero sobre todo, la ausencia de la mujer. En clave sicodélica y con un ambiente luminoso, The Zombies se pusieron en la piel del preso que escribe a su amada ante su inminente liberación con ‘Care of cell 44’. Y los irlandeses Thin Lizzy hablaron de la obsesión del prisionero, fugarse, en su ‘Jailbreak’, un clásico del hard de los setenta; se oyen rumores de fuga, de jaleo, así que más vale estar lejos de los guardias, de las sirenas, de los perros..., dice.

Es curioso que, en general, apenas hay letras en las que el reo proclame su inocencia y lo injusto de su reclusión (una es el Hurricane’ de Dylan), al revés, casi todas hablan de opresión, ausencias y monotonía, pero asumiendo el castigo. El talego, en fin, es fuente de emociones, y por tanto de rock & roll, que a veces puede hablar de ello en primera persona. 

CARLOS DEL RIEGO