miércoles, 26 de abril de 2017

EL CANTAUTOR NACIONAL-TOTALITARIO. El cantante Lluís Llach ha destapado las verdaderas intenciones de los separatistas catalanes: imponer su creencia a la sociedad y castigar a todos los que sean desafectos. Él, que un día cantó a la libertad, hoy la amenaza.

El cantante amenaza a quienes se atrevan a cumplir la ley,
 pues él se cree por encima de ésta.

No han pasado desapercibidas las declaraciones de quien fuera integrante de la ‘nova cançó catalana’ hoy metido a político. El diputado de Juntos por el Sí pide a los funcionarios que desobedezcan leyes legitimadas por la Constitución (y pongan en riesgo su trabajo) para acto seguido amenazar a los que desobedezcan una supuesta ley que sería anticonstitucional; en otras palabras, esta criatura se siente legitimada para determinar cuáles son las leyes que hay que cumplir y cuáles no. Hay casos, por otro lado, en que la desobediencia está justificada, como en la actual Venezuela, donde el gobierno persigue sistemática y violentamente a todo opositor político; tal vez por la coincidencia de métodos no se escuchan críticas contra el régimen venezolano-bolivariano-chavista desde el separatismo catalán…

Las palabras que han devuelto al cantante Lluis Llach al primer plano de la actualidad son una muestra de cómo se pasa de combatir la injusticia y el totalitarismo a caer en idénticas perversiones, es decir, cómo alguien llega a imitar a la perfección todo aquello que denunciaba en su juventud. El muy torpe no es capaz de ver que está utilizando las mismas herramientas y recursos que el dictador contra el que tanto clamó. Lo curioso es que tanto uno como otro parten de un sitio muy parecido: la idea de que se puede pasar por encima de todo y de todos si es por el bien (o lo que ellos creen el bien) del país, de la nación, de la patria; así, el militar golpista parte de un patriotismo ciego, furibundo, mientras el músico que aspira a ser golpista viene de un nacionalismo furibundo, ciego. (Es oportuno recordar que el patriota extremo es el que hará lo que sea en nombre de su patria, mientras que el nacionalista radical es el que aspira a tener una patria distinta a la que oficialmente señala su documentación).

Las elocuentes amenazas de este aprendiz de golpista, la postura arrogante de este auténtico faccioso arroja una evidente conclusión: cuando cantaba contra  el totalitarismo y la persecución política no pretendía que terminara esa situación y se impusiera la libertad, sino que su deseo más profundo era colocarse él en el lugar del dictador, tener todos los instrumentos necesarios para imponer su creencia por la fuerza y obligar a los discrepantes y desafectos al régimen a unírsele o sufrir las consecuencias... Es el viejo libro de estilo de todos los totalitarismos, de todos los fascismos que en el mundo han sido: o se piensa, se habla y se actúa según señala el poder, o palo. Asimismo, atendiendo a estos modos y en el ficticio supuesto de que Cataluña dejara de ser España un día, es fácil aventurar qué pasaría con quienes se atrevieran a disentir o criticar. De todos modos, este señor que un día escribió contra el poder y hoy lo ejerce con aires de matón, tiene que saber que está llamando a un golpe de estado contra un gobierno y un sistema absolutamente legítimos, con lo que jamás va a alcanzar su objetivo, jamás; por ello, los funcionarios que pueden ser sancionados son precisamente los que desobedezcan las leyes que les permiten ocupar el puesto que ocupan. En fin, que como todos los que tienen la mente ocupada por una idea totalitaria y fascistoide, Llach se engaña y engaña. No será necesario recordar qué ocurrió cuando,  en 1934, otros políticos separatistas proclamaron la independencia de Cataluña mediante un golpe de estado: no tuvo el mínimo recorrido.   
¡Qué diferencia con su paisano y colega Joan Manuel Serrat! Éste, elegante y mesurado, contaba que cuando le prohibían cantar en catalán sentía un irresistible impulso de pasar por encima de dicha prohibición, mientras que cuando muchos años después notaba que había nacionalistas catalanes que le torcían el gesto si entonaba en castellano, aquel impulso cambiaba de sentido. Eso es rebeldía, eso es levantarse contra la imposición, contra la amenaza, contra el totalitarismo. Lo de enfrentarse a la tiranía para luego repetir todos sus métodos, tal y como ha hecho Llach, es puro fascismo, nacional-fascismo.


CARLOS DEL RIEGO