miércoles, 13 de abril de 2016

COMENTARIOS EN INTERNET, ANTOLOGÍA DEL DISPARATE La posibilidad de difundir opiniones que proporcionan a todo el mundo los múltiples foros de internet revela, entre otras cosas, la desinformación e ignorancia en que se basan muchas de ellas, lo cual conduce inevitablemente al disparate

Muchos muestran en la Red tanta instrucción como un pollino
Todos esos foros, debates y tertulias que se establecen en el apartado de comentarios de los periódicos y demás sitios que admiten participación son, sin duda, algo muy deseable, ya que se permite a todo el mundo manifestar su opinión, sus creencias, ideologías, criterios… y también su grado de cultura, formación e incluso su educación. Así, se leen por ahí críticas profundas, interpretaciones juiciosas, reflexiones lúcidas o exposiciones muy ilustrativas; pero también se observan muestras evidentes de ignorancia ilimitada, dislates que resulta difícil explicarse, enormidades insensatas o desvaríos delirantes. Es curioso comprobar cómo existen criaturas internéticas (¿) que escriben comentarios a una noticia sin haber leído más allá del titular, personas que, dejándose llevar por un primer impulso, se lanzan a enjuiciar sin haberse molestado en leer el texto en su totalidad o, en todo caso, sin prestar la atención mínima para comprenderlo. Lógicamente, lo que estos comentaristas escriben es poco menos que una confesión de ignorancia, que en muchos casos se presenta acompañada de chabacanería y ordinariez.

Esto puede comprobarse a diario, más aún, casi cada minuto, en todos los lugares donde existe la posibilidad de manifestarse. Así, las necedades que parte del personal se deja decir llenarían un libro más largo que El Quijote (partes una y dos). Algunas de ellas, por lo fácil que es rebatirlas, resultan desconcertantes. Una sandez muy gorda, que ha resucitado con motivo de un artículo en un diario deportivo, es la que afirma el Real Madrid ganó sus primeras seis copas de Europa (de 1955 a 1960 y en la 65-66) porque Franco tenía amedrentados, atemorizados, acogotados, dominados a los países europeos y a sus instituciones, de manera que todos (árbitros, directivos, organismos) se veían obligados a favorecer a dicho equipo… La realidad, sin embargo, dice que el dictador no tenía la mínima influencia más allá de los Pirineos: casi cada semana había manifestaciones en su contra en las principales capitales europeas con declaraciones de políticos y dirigentes; apenas un par de veces se atrevió a salir del país siendo Jefe de Estado (a Italia y a Portugal); España fue excluida de la ONU y se le negó su entrada en los organismos económicos europeos (la Comunidad del Carbón y el Acero, luego Comunidad Económica Europea y finalmente Unión Europea); estuvo años sin embajadores… En fin, si Franco y su régimen fueron aislados social, política y económicamente, si España estaba subdesarrollada y su industria era casi testimonial, ¿cómo asustaría Franco a Europa para que se favoreciese al Real Madrid? 

También suelen verse por ahí cifras desproporcionadas cuando se habla de muertos. Por ejemplo, hay quien sostiene en los sitios de debate que España mató a más de ¡cien millones! de indios durante su estancia en América. Dejando a un lado el hecho de que entre el 90 y el 95 por ciento de las muertes (según los autores más indigenistas) se debieron a las enfermedades (a las que tarde o temprano los indios habían de enfrentarse), resulta difícil acabar con cien cuando, según los más optimistas, no habría ni ochenta; así, hay investigadores que sostienen que no había más de 9 millones de indios antes de la llegada de Colón (España y Portugal tenían, en total, unos 10 millones de habitantes), mientras que otros lo elevan hasta esos ochenta. Por otro lado, según investigaciones sobre los restos óseos, se sabe que existía una elevadísima tasa de mortalidad infantil y que la esperanza de vida era muy baja, con lo que es muy difícil el aumento de la población; además, las precolombinas eran sociedades extremadamente violentas, en las que el pueblo dominante sojuzgaba, esclavizaba y masacraba a los demás. En todo caso, siguiendo a los historiadores menos ideologizados, la población indígena hacia 1500 estaría entre los 40 y los 55 millones; así, parece difícil matar a cien millones. 

Volviendo al asunto deportivo. La figura de Rafael Nadal es denostada por una auténtica legión de opinadores, los cuales señalan convencidos que el tenista se dopa y si no ha sido acusado oficialmente es porque está protegido por las agencias antidopaje; esta especie se da tanto en España como fuera. Un hecho cierto es que en sus doce años de profesional el deportista se ha sometido a cuantos controles anti-dóping se le han presentado; en total son más de 400, lo que significa que ha pasado unos 34 cada año (a todas las horas del día y de la noche), o sea, uno cada diez días, sin habérsele detectado nunca el más mínimo indicio de sustancia prohibida. Por otro lado, reiterarse en que la ausencia de positivos se debe a que goza de protección y que le han enmascarado positivos tiene muy poca lógica; si en USA la Agencia Antidopaje Americana acosó hasta derribarlo a un personaje tan emblemático y admirado en su país como Lance Armstrong (recibido por el presidente, elevado a símbolo de la superación y la lucha contra el cáncer), ¿por qué iba a tener tanto miramiento con un extranjero? Y del mismo modo la Agencia Mundial Antidopaje y los organismos correspondientes del Comité Olímpico Internacional.

Y una más, una muy típica del ‘pesimista narcisista’, ese español que se cree que su país aglutina todo lo peor del planeta. Se puede leer, sobre todo en algunos periódicos, que “España es el país más corrupto del mundo”. Esta especie de paranoia la rebatió un comentarista desde un país sudamericano, quien dejaba escrito refiriéndose a los españoles: “ustedes no saben lo que es corrupción y robo institucionalizado, ustedes no saben qué es injusticia, ustedes no saben lo que es crisis”…, para a continuación recorrer media docena de repúblicas iberoamericanas siguiendo sólo los casos más escandalosos. Además, nadie negará que hay mucha más perversión pública en África y en casi toda Asia, más en la Europa del Este e incluso en algunos países cercanos…

De todos modos, dado el anonimato y la impunidad para decir cualquier cosa de que se goza en Internet, podrán seguir leyéndose ahí los más absurdos desvaríos. Sí, ese anonimato permite a cada uno expresar sus carencias.     
        

CARLOS DEL RIEGO