miércoles, 20 de febrero de 2019

LAS DECLARACIONES DEL PERIODISTA ARCADI ESPADA: ESENCIA PURA DEL NAZISMO Perplejidad, indignación y desconcierto han provocado las declaraciones del periodista Arcadi Espada, sobre todo porque el tal era tenido por inteligente y razonable. En resumen, este individuo ha afirmado que los no natos que presenten deficiencias deben ser eliminados, ya que son “inferiores”, lo cual significa que él se siente superior y, por tanto, legitimado para decidir quién vive y quién no: este es el fundamento esencial de la doctrina nazi

Tiene ideas nazis, es supremacista, sufre complejo de superioridad. Decepcionante.


Una buena bronca se ha armado a causa de las estúpidas y sospechosas manifestaciones que el periodista Arcadi Espada realizó en televisión. Resulta que el susodicho elemento no sólo sugiere o aconseja, sino que exige que quien en el vientre de su madre no tenga todo en su sitio ha de ser ejecutado, o sea, no tiene derecho a la vida. Dando muestras de estar penetrado por el pensamiento supremacista, Arcadio señala como sostén ideológico de tan sanguinaria propuesta que dado que esos seres tienen menor intelecto son “inferiores”. Esto es la esencia pura del nazismo: al considerar inferiores a otros, el sujeto se siente superior y, por tanto, legitimado para decidir quién vive y quién ha de ser eliminado.

Tal modo de pensar, tal mecanismo mental encaja a la perfección con el espíritu de las Leyes de Nurenberg, las cuales definían qué individuos deberían ser considerados como una “lacra social” y, por tanto, exterminados; es decir, según los ideólogos del nazismo y Arcadi Espada, la sociedad tiene que librarse de estos seres “inferiores”, tiene que  “extirparlos como si fueran tumores”. Así ha tenido que ser el proceso mental que ha llevado a este pretencioso y soberbio personajillo a vomitar sin ningún pudor su desprecio a los “intelectualmente inferiores”.

Bueno sería preguntarle a este mequetrefe si él estaría dispuesto a echar una mano a los matarifes, si le resultaría divertido colaborar de algún modo con los verdugos que tienen que hacer la “buena obra” de librar a la sociedad de esos “seres inferiores”. Como él se siente superior, no debería rechazar una actividad tan elevada…

Por otra parte, es más que evidente que su pretendida superioridad moral se basa en que se cree intelectualmente superior, es decir, según este tiparraco, quien tenga menos inteligencia de la normal es “inferior” y, en consecuencia, “eliminable”. Con tal precedente y si se siguiera ese disparatado y brutal camino, llegaría un día en que se analizaría la capacidad mental del no nacido y, en caso de no superar un mínimo, cámara de gas, tiro en la nuca, muerte por inanición (procedimientos del tercer Reich). Claro que luego vendrían otras ‘exigencias’ para dar el visto bueno al nuevo ser. Sin embargo, por la misma regla de tres, podía presentarse alguien que afirmara que tan importante como el intelecto es el físico; es decir, si el Espada cree que se es persona o no en función del cociente intelectual, otro podría sostener que la superioridad tiene que medirse por la fuerza, no por la inteligencia, de manera que los más fuertes tendrían derecho a “descartar” a palos a aquellos cuyo cuerpo fuera físicamente “inferior”…     

También afirma sin atisbo de vergüenza (o sea, sinvergüenza) que las personas con síndrome de Down (entre otras) suponen un coste económico inasumible por la sociedad, cosa que “justifica” su exterminio. Utilizando el mismo razonamiento cabe preguntarse si también estaría a favor de cargarse a todos los no productivos (enfermos, accidentados, tetrapléjicos…) o a los asesinos que están en la cárcel, todos los cuales cuestan mucho a la sociedad y, evidentemente, no devuelven nada.  

En todo caso, parece seguro que quien tuviera a esta especie de australopiteco que responde al nombre de Arcadi como un ser inteligente y razonable, se equivocó estrepitosamente, ya que el pensamiento supremacista o nacionalsocialista está reñido con la inteligencia. Quien está convencido de su propia superioridad moral, intelectual o humana demuestra no sólo su perversidad, sino una estulticia patológica.  
 
¿Quién se ha creído que es?, ¿un ente superior?, ¿una especie de divinidad? Lo que no cabe duda es que su discurso tendría una entusiasta acogida en la Alemania nazi. Y haría muy buenas migas entre los más convencidos de la ‘solución final’.

CARLOS DEL RIEGO

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