Debe ser verdaderamente vergonzoso para todos los que reciben subvenciones y no logran ni mil espectadores ver cómo triunfan películas sin mayores pretensiones ni ínfulas artísticas
Según el Instituto de la
Cinematografía y de las Artes Visuales, el año pasado se estrenaron un total de
727 películas españolas. Todas fueron subvencionadas, pero la venta de entradas
en taquilla fue catastrófica, con cifras vergonzosas en la mayoría de los casos;
por ejemplo, casi un 40% de esos estrenos no congregaron ni a ¡100!
espectadores
Ciertamente el cine ya no es lo que
era, ya no tiene el tirón comercial que tuvo en otro momento, cuando era uno de
los recursos de ocio más importantes. Hoy el cine (al igual que muchas otras
alternativas de entretenimiento) ha bajado su tirón entre el público, ya que
tiene que competir con internet, las plataformas de televisión, deportes
televisados y actividades deportivas, conciertos de todo tipo al alcance de la
mayoría… Sea como sea, el cine, ya sea español o no, ha dejado de tener el
encanto que tuvo hace unas décadas, cuando un gran estreno producía grandes
colas en las taquillas.
A pesar de ello, aun hay películas que
congregan a millones de espectadores. Sin embargo, el cine de producción
nacional ha caído de modo escandaloso a pesar de apoyo financiero que tiene por
parte del sector público. Por un lado una gran mayoría de actores, directores,
productores han despreciado a aproximadamente la mitad de los posibles
espectadores, que lógicamente han renunciado a ver las producciones de quienes
los insultan, Por otra parte, una proporción elevadísima de filmes tienen evidente
sesgo político, siempre escorado hacia el mismo lado, lo cual también termina
por ahuyentar a una parte muy importante de posibles espectadores. Y por
último, y por causa de que cualquier película cuenta con financiación pública a
priori, muchísimos títulos españoles son calamitosamente malos y carentes del
mínimo atractivo.
Las cifras proporcionadas por aquel
Instituto, y también por el propio Ministerio de Cultura, arrojan cifras y
proporciones vergonzosas. Solamente una película ha superado la barrera del millón
de espectadores (en realidad, más de dos millones), ‘Padre no hay más que uno
5’, de Santiago Segura, que ha reunido nada menos que al 16,6% de todo el
público del cine español el año pasado. Por el contrario, casi el 40% de las
películas españolas estrenadas en 2025 (282 de 727) no llegaron a congregar ni
a 100 (sí, cien) espectadores; es decir, todas esas pelis pueden ser
consideradas ‘películas fantasma’, puesto que casi nadie las ha visto (aunque
se sabe que existen ya que cobraron la subvención). Además, solamente cinco
filmes (el 0,68% de las mencionadas 727) vendieron más de medio millón de entradas. En el otro
lado, casi el 95% no llegaron a 50.000 espectadores, y el 87% ni a 10.000…
Y hay otras cifras que evidencian la
caída libre del cine de producción nacional. El año pasado cada español sólo
fue una vez y media a ver una película española. En los últimos diez años la asistencia
a pelis españolas ha caído en más de un 25%, y la previsión es que aun no se ha
tocado fondo. Y eso a pesar de los 826 millones que el Ministerio de Cultura
entregó a las productoras de cine en los últimos años (a lo que habría que
añadir las subvenciones de autonomías y ayuntamientos). Igualmente es de
destacar que de cada 35 euros de subvención Hacienda recupera uno (un miserable
pavo) en concepto de IVA (siempre reducido); y también hay que hacer referencia
a las deducciones y exenciones fiscales en el Impuesto de Sociedades, que se
sitúa en el 30%. Estos incentivos fiscales se traducen en millones de euros.
La comparación con el cine extranjero
también ha ido a peor; hace unas décadas por cada euro recaudado por el cine
español se recaudaban 3.5 del foráneo, mientras que hace un par de años la
proporción es de 1 a 4.7.
El exceso y descontrol de la
subvenciones está convirtiendo a los cineastas en funcionarios sin pasar por la
oposición, lo que quiere decir que sólo están obligados a producir sin mirar a
la calidad. Y tampoco es argumento proclamar que hay que financiar la cultura,
puesto que, de ser así, habría que financiar a los grupos musicales y cantantes
(de clásica, de rock, de folk, de jazz…) cada vez que editan disco, e
igualmente a los escritores con sus libros, pintores con sus pinturas,
escultores, arquitectos, masas corales, compañías de danza (de clásica a
moderna pasando por flamenca), circos, grupos teatrales…
En resumen, menos subvención, menos
ideología y más talento, mérito y esfuerzo.
