sábado, 17 de marzo de 2012

FALSOS DEPORTES

FALSOS DEPORTES

ATLETISMO DEPORTE

Los Juegos Olímpicos se han convertido en el evento de mayor impacto entre la población a escala mundial, primacía sólo discutida por otras citas deportivas. Y tal vez sea por esto que el calendario de los juegos no deja de crecer: cada vez son más las disciplinas que se convierten en olímpicas.
Hay que reconsiderar, en mi opinión, la presencia de ciertas competiciones en el programa olímpico. Por un lado están los deportes nuevos que surgen al albur de la moda, y por otro las modalidades que, en sentido estricto, no deberían ser consideradas deportes.
Entre las actividades que no deberían entrar en el planeta del deporte están algunas con tanto seguimiento como la natación sincronizada, la gimnasia rítmica y el patinaje artístico, disciplinas que en ningún caso han de ser consideradas olímpicas. Tal afirmación les parecerá a algunos una barbaridad, pero existen argumentos que la sustentan. El más contundente es el hecho de que ninguna de las tres está sometida a la dictadura del centímetro, del segundo, del marcador, sino que lo que cuenta en ellas es la belleza, la sincronización, la coreografía, la elegancia..., conceptos que nada tienen que ver con el verdadero deporte, en el que no importa si lo has hecho bonito o feo, elegante o desgarbado mientras el balón entre o llegues a meta antes que tus rivales.
PATINAJE ARTÍSTICO, DANZA
Por ejemplo, una de aquellas casi imposibles canastas de Michael Jordan valían lo mismo que una “pedrada” que entró cuando se trataba de dar un pase; el gol de Maradona a Inglaterra en México 86 tuvo el mismo valor que el que metió el defensa al que su portero envió un balón mientras estaba descuidado, le golpeó en la espalda y el rebote se coló; en los triunfos de un atleta no influyen para nada si su correr es elegante como el de Carl Lewis o crispado y trabajoso como el de Emil Zatopek. En fin, en el terreno deportivo cualquiera puede ganar por muy feo que lo haga, cosa que no ocurrirá en las disciplinas mencionadas, pues éstas bien pueden incluirse en el terreno artístico, donde lo que importa es cómo se lleva a cabo la actuación, si transmite o no.
Por otro lado podría discutirse, no sin base, si la otra gimnasia, la antes conocida como gimnasia deportiva y ahora como gimnasia artística, se mueve en los mismos parámetros y, por tanto, si tampoco es deporte y si no debiera estar en los Juegos Olímpicos. Sin embargo hay matices que diferencian una y otras modalidades. En primer lugar que la gimnasia deportiva está en los juegos desde el primer momento, siendo este un factor determinante; en segundo lugar que ningún aparato del programa masculino y sólo uno del femenino precisa música (de hecho ningún deporte se realiza con música, salvo descansos); y finalmente que en la gimnasia deportiva cuenta lo lejos y lo alto que llegues en los saltos y piruetas, el tiempo que el gimnasta aguanta “el cristo”, las sueltas... 
Nadie negará el mérito que tienen aquellos patinadores, gimnastas y nadadoras, nadie negará el deleite que producen la belleza y elegancia de sus movimientos, como tampoco su esfuerzo, su constancia y dedicación, su capacidad de sufrimiento y superación..., pero no se puede olvidar que también los acróbatas y malabaristas del circo se ejercitan duramente, que los bailarines de danza clásica practican hasta la extenuación, que los toreros se entrenan con disciplina y entusiasmo (de hecho todas las actividades de la vida exigen estos valores); y sin embargo, nadie pensaría en llevar nada de esto a los Juegos Olímpicos.
En el ámbito olímpico, en todos los deportes de su calendario, debe imperar el lema ‘más rápido, más alto, más fuerte’ (el evocador ‘citius, altius, fortius’), pero no ‘más bello, más elegante, más artístico’. Las tres modalidades mencionadas deberían salir del programa olímpico y organizar sus propias pruebas y exhibiciones, pues lejos de ser verdaderos deportes sí que han de ser consideradas arte, ya que en realidad se trata de danza o baile sobre hielo, agua o suelo. Por eso, en tanto que disciplinas artísticas, no persiguen un resultado objetivo, un marcador, un registro, una marca, sino que lo verdaderamente importante, lo que cuenta en ellas es la belleza de los movimientos, la expresividad, el ritmo, la emoción que transmiten, la sincronización con la música... Es decir, en realidad, la natación sincronizada, la gimnasia rítmica y el patinaje artístico no pretenden la victoria propia o la derrota del rival más que a través de la perfección en el desarrollo de la actividad, y esto está muy alejado del deporte en sentido estricto, donde lo único que al final cuenta es el resultado, lo que indique el marcador, sin que tenga la más mínima bonificación la perfección de la ejecución  del ejercicio.
Incluso cuando se practica deporte en el patio del colegio o en competiciones de veteranos siempre se persigue anotar más o llegar antes que el rival, y en absoluto se tiene en cuenta la forma de correr o la postura que se ponga al ejecutar el golpe, si se menea la cabeza en cada zancada, como un pato, o si se gana el punto golpeando la bola con el marco de la raqueta. Esta es la verdadera esencia del deporte: lo importante es superar a los rivales anotando más o llegando antes o más lejos, no haciéndolo más bonito o más artístico; es por eso que muchas veces se producen resultados deportivos que se señalan como injustos al entenderse que el derrotado ha hecho más méritos o mostrado más gracia o refinamiento que el vencedor, pero nadie se indignará por ello, pues se entiende que lo importante es que éste hizo un punto más, una décima menos, y es lo único que cuenta.
Y por otro lado, finalmente, están los deportes y competiciones que no deberían entrar en los Juegos Olímpicos, como el voley playa, el snow board (tabla de esquí), la cama elástica y otros surgidos en los últimos años, al igual que algunos ya tradicionales como la doma clásica o el curling. Unos no deberían ser olímpicos porque caen en el problema anteriormente mencionado, y otros porque conducen a la vulgarización de los juegos, ya que de seguir así las cosas (añadiendo especialidades según vayan apareciendo y ganando practicantes) se volverá a incluir el soga-tira (que ya fue olímpico a principios del siglo XX) y se podrían añadir las carreras de sacos, los concursos literarios, el wrestling (lucha libre americana), la lucha de brazos, el breakdance, el monopatín, el parkour, la capoeira, el rodeo..., el fútbol sala, el fútbol playa, el futvoley, el fútbol australiano, el hurling, el padel..., actividades que también exigen esfuerzo y dedicación, pero que jamás deben estar en los Juegos Olímpicos.