viernes, 23 de marzo de 2012

DIOS


El enfrentamiento entre ciencia y fe se viene produciendo desde hace siglos sin arrojar jamás una solución que se ajuste a ambas. Ello es así porque una y otra residen en mundos distintos, como si jugadores de fútbol y balonmano fueran a disputar un encuentro, pero antes del inicio unos exigen jugar sólo con las manos y los otros con los pies, enzarzándose entonces en la discusión: “es mejor jugar con las manos; no, es mejor con los pies”. El resultado es que no comenzaría el juego, pues la regla principal de cada uno de esos deportes excluye radicalmente al otro. Pues lo mismo sucede con ciencia y fe, no pueden jugar una contra otra, no pueden enfrentarse porque tienen reglamentos totalmente opuestos: una se basa en la prueba empírica, es decir, la ciencia sólo puede afirmar lo que puede probar; mientras que, por su parte, la fe no precisa pruebas, es más, si hubiera pruebas ya no tendría cabida la fe y sí la ciencia.
A principios de este año (2012) un científico y un teólogo debatieron sobre la existencia de Dios. Como es lógico, no llegaron a ningún acuerdo, puesto que, en realidad, es como si hablaran idiomas distintos. Sorprende, eso sí, que reputados científicos y personas ilustradas y razonables afirmen con total convencimiento que “Dios no existe”..., o simplemente “no hay nada después de la muerte”, sin tener una prueba concluyente que avale tal aserto. Y si un científico afirma que “Dios no existe” sin tener una prueba concluyente está faltando al rigor científico. Así, la respuesta científicamente correcta a la pregunta ¿existe Dios?, ha de ser “no lo sé” o “no tengo pruebas”, o sea, el agnosticismo. Por tanto, quien afirma (evidentemente sin pruebas) que Dios no existe, en realidad está diciendo “estoy convencido de que Dios no existe”, o lo que es lo mismo, “no creo en Dios”, es decir, está entrando en el terreno de la fe, que nada tiene que ver con el de la ciencia. Para hablar de Dios hay que olvidarse de la ciencia; además, si la mente humana no es capaz de abarcar el tamaño del universo, ¡cómo podrían entenderse científicamente conceptos tan incomprensibles como infinito, eterno o todopoderoso!
Por otro lado, podría preguntarse a aquellos científicos si creen que hay vida inteligente extraterrestre, a lo que probablemente respondieran que tal vez, que es posible que pueda existir, a pesar de no tener pruebas ni en un sentido ni en otro, pero dando como indicio la posibilidad estadística: si hay tantos miles de millones de estrellas, es posible que en alguna se hayan dado las mismas circunstancias que en la Tierra y surgido formas de vida que desemboquen en la inteligencia. Sea como sea, no negarán ni afirmarán con rotundidad, pues carecen del más leve indicio. Además, en la Tierra han vivido miles de millones de especies animales y sólo una posee inteligencia y conciencia de sí misma; por tanto, la simple posibilidad estadística no constituye ni siquiera un indicio. Así pues, para negar la existencia de Dios hay que salir del terreno de la ciencia y entrar en el de la fe, de modo que desde el punto de vista científico sólo se puede afirmar “no lo sé”  o “no tengo pruebas para opinar”, y pasando al campo de la fe se podrá decir “yo no creo”, pero en ningún caso se puede afirmar “no, Dios no existe” o “no hay nada tras la muerte”.     
Curiosamente hay quien afirma haber perdido su fe cuando un familiar padeció por una u otra causa a pesar de sus muchas oraciones, dando a entender que si la catástrofe afecta a otros, Dios sí existe, pero si me afecta a mí...
También abundan los que niegan la existencia de Dios basándose en la idea de que un Ser Superior no permitiría que los inocentes sufrieran masacres, desgracias o cualquier calamidad que afecte al Hombre. Sin embargo, esta cuestión se refuta fácilmente. Las desgracias las producen la naturaleza o los hombres. Por un lado, Dios (si existe) proporciona las leyes físicas, químicas, biológicas..., que se mantienen inalterables (en este mundo) y muchas veces ocasionan víctimas humanas. Por otro, Dios (si existe) ha otorgado a los hombres la libertad de decisión, el libre albedrío. Ahora bien, si Dios interviene violando las leyes de la naturaleza (por Él impuestas) para salvar a unos, habría de intervenir para salvar a todos y tendría que estar apareciendo continuamente; y si Dios interviene para impedir la acción de “los malos” o de la naturaleza, la raza humana viviría sabiéndose permanentemente vigilada, abrumada por un ojo que todo lo ve, por una presencia superior que coacciona y que, por lo tanto, coarta la libertad para elegir cómo actuar, en cuyo caso el Hombre dejaría de ser Hombre.
Finalmente, hay que aludir al reconocido astrofísico Stephen Hawking, quien afirma haber demostrado la inexistencia de Dios basándose en la teoría del Big Bang, con lo que comete dos errores: uno tratar de explicar fe a través de la ciencia, y otro basarse en una teoría. Afirma Hawking que como el tiempo empezó con el Big Bang, nada ni nadie podía existir antes (¡), es decir, Dios es imposible antes del comienzo del tiempo. Para empezar no se sabe (si tal teoría es la cierta) si ha habido muchos big bang o si hay continuos big bang por todo el Universo, ya que lo más lejos que se ha “visto” es hasta trece o catorce mil millones de años luz de distancia, pero tal vez haya otros big bang produciéndose a diez billones de años luz... Asimismo, Hawking sostiene que toda la materia y energía de universo procede de la explosión (el Big Bang) de una partícula extremadamente densa y extremadamente pequeña que salió... ¡de la nada! O sea, de sus afirmaciones se deduce que aquello (el Big Bang) fue un milagro, es decir, un hecho inexplicable de origen... divino.  
La ciencia (en realidad los científicos) ha asegurado muchas veces la inexistencia de Dios, pero jamás ha aportado una prueba irrefutable, concluyente, evidente..., siendo esta la única cuestión en la que muchos prestigiosos científicos se permiten saltarse una regla básica de la ciencia: no se puede presentar una tesis sin pruebas que la demuestren. Sin embargo, la fe sí puede saltarse esa regla.