viernes, 29 de noviembre de 2024

CUANDO RAMIRO II DE LEÓN DERROTÓ AL CALIFA DE CÓRDOBA ABDERRAMÁN III EN LA BATALLA DE SIMANCAS, AÑO 939

 


Mapa de Hispania pocos años antes de la batalla de Simancas.

Hace nada menos que 1085 años. Unos tres cuartos de la Península Ibérica estaban dominados por el Califato de Córdoba, mientras que el cuarto restante era, casi todo, el Reino de León. Era el año 939, el Califa Abderramán III se sentía insultado e irritado por las victorias que Ramiro II de León lograba sobre los musulmanes. Le llamaba tirano y puerco y para acabar con él organizó un gigantesco ejército con el que demostrar quién mandaba en la península

 

Abd al-Rahman ibn Muhammad (891-961), que ha pasado a la Historia como Abderramán III, se había proclamado califa independiente de Bagdag diez años antes, en 929, cuando fundó el Califato de Córdoba, un reino poderoso y admirado en todo occidente, y ello a pesar de las rencillas y disputas internas a las tuvo que enfrentarse y al constante incordio de los reyes de León, siempre empeñados en empujar la frontera hacia el sur. Ramiro II de León (898-951) era un tipo de armas tomar (cuando atrapó a los traidores que querían usurparle el reino no dudó en sacarles los ojos, incluyendo a su hermano Alfonso); en los veinte años de su reinado no dejó pasar alguno sin campaña contra los sarracenos; “no sabía descansar” dice de él la Historia Silense.

 

El Rey de León había conquistado Osma (además de otras muchas acciones bélicas exitosas) y tomado la fortaleza de Margerit (Madrid). Al orgulloso Abderramán (cuya madre era vascona) los triunfos de ese “diablo, perro, puerco, tirano Ramiro” (calificativos con que lo ‘adornan’ las crónicas musulmanas) le parecieron inadmisibles, de modo que organizó un gigantesco ejército, llamando a la yihad para castigar al ‘enemigo de Dios’. Soldados propios, mercenarios e infinidad de voluntarios de todos los territorios dominados por los musulmanes conformaron un ejército de un tamaño jamás visto en la península: entre ochenta mil y cien mil hombres para emprender la ‘Campaña del supremo poder’. Tan convencido estaba de su triunfo que ordenó oraciones a Alá en todas las mezquitas para agradecer la próxima y segura victoria. Ramiro contó con su ejército y con tropas castellanas, navarras y de otras regiones cercanas al Duero.

 

Julio de 939, los dos ejércitos estaban casi frente a frente cerca de Simancas (Valladolid), preparándose para la batalla. Consta que hacía el 20 de julio se produjo un eclipse de sol (del que hay datos de cronistas de uno y otro bando y que también fue visto en Alemana e Italia), con lo que todo el mundo se quedó a la espera. Kitab Al Raud cuenta: “hubo un espantoso eclipse de sol (…) que llenó de terror a los nuestros y a los infieles (…) Dos días pasaron sin que unos y otros hicieran movimiento alguno”. Pasado el susto, a principios de agosto se desataron las hostilidades. Las bajas fueron abundantes en ambos bandos, pero la segunda parte de la batalla fue terrible para los caldeos (también llamados amorreos, bárbaros…). Al parecer, el ejército califal había sido reclutado demasiado deprisa; el cronista Ibn Hayyan habla de incompetencia de los mandos militares, e incluso enfrentamientos y recelos entre unos y otros generales que desembocaron en vergonzosas retiradas (muchos fueron ejecutados al llegar a Córdoba).

 

Ante el empuje del ejército cristiano los musulmanes huyeron hacia un paraje llamado La Alhóndega (ya en Soria), donde se toparon con tremendos precipicios. Escribió el cronista Al Muqtabis: “… y en la retirada el enemigo los empujó hacia un profundo barranco (…) del que no pudieron escapar, despeñándose muchos y pisoteándose de puro hacinamiento”. El propio Abderramán se vio obligado a huir a toda prisa y herido (“semivivus evasit”), ni siquiera tuvo tiempo de desmontar su lujosa tienda, ni de llevarse el valioso Corán que le habían traído de Oriente, ni su famosa cota de malla tejida con hilo de oro, ni las mujeres que conformaban su harén personal (que, despavoridas, corrían diseminadas por los campos)…, todo cayó en manos de Ramiro, que con gran botín y muchos cautivos regresó triunfante a León.

 

Además de los errores de reclutamiento y organización del ejército de Abderramán, los historiadores musulmanes hablan de la caballería pesada leonesa como factor determinante en la batalla. Serían unos trescientos o cuatrocientos jinetes con pesadas armaduras de hierro que, según la estrategia de Ramiro, debían esperar el momento oportuno para entrar en acción; entonces, tras horas de combate, los caballeros leoneses reciben la orden de ataque: no cabalgan, no corren, sino que avanzan despacio, apenas al trote, todos juntos, como una máquina enorme y pesada que se lleva por delante todo lo que encuentra a su paso sin sufrir bajas. Lógicamente, al ver ‘aquello’ y escuchar cómo retumbaba la tierra, el enemigo entrara en pánico y huyera en desbandada.

 

De tan grande enfrentamiento se supo en toda Europa, y existen varios textos de diversas procedencias que hablan de tan sonado triunfo cristiano (alguno de los cuales habla de ‘Radamiro, cristianísimo rey de Galicia”), del eclipse, de las incontables bajas en el ejército del califa…A raíz de la batalla, el territorio dominado por el Rey de León desplazó su frontera hacia el sur del río Duero, zona a la que se llamó ‘extrema Dorii’, Extremadura.

 

La victoria en Simancas está considerada como una de las más meritorias y trascendentes de toda la Edad Media europea y la primera gran victoria de la Reconquista. Como detalle final se puede añadir que Ramiro entabló posteriormente pactos con el califa y, como muestra de buena voluntad, dos años después le devolvió su preciado Corán (doce tomos), así como otros objetos de gran valor y algunas decenas de prisioneros. Este gesto fue muy valorado en Córdoba, que se lo agradeció enviando embajadores a León para dar gracias en nombre del Califa Abd al-Rahman ibn Muhammad al-Nāṣir li-dīn Allah.   

 

CARLOS DEL RIEGO

 

jueves, 21 de noviembre de 2024

TOPPER HEADON, THE CLASH, RECUERDA SUS ANÉCDOTAS Y BATALLITAS CON ALGUNAS ESTRELLAS DEL ROCK

 


Topper Headon, que fue despedido de The Clash por pasarse con las sustancias a pesar de ser un batería muy preciso y versátil

 

La música rock es terreno ideal para las situaciones más chocantes y divertidas y también para la tragedia; pero en ese pequeño universo se producen, sobre todo, batallitas y anécdotas divertidas que sus protagonistas cuentan cuando han pasado muchos años. Nick ‘Topper’ Headon fue batería de The Clash en sus mejores años, 1977-1982, y autor de algunas de sus canciones emblemáticas. Tiempo después contó algunas historietas y sucesos que vivió junto a otros grandes nombres del rock

 

Cuando un grupo de éxito está inmerso en la vorágine del rock & roll sus integrantes suelen vivir todo tipo de situaciones, desde cómicas a trágicas. Topper Headon siempre será recordado por haber sido el batería de The Clash en sus álbumes más recordados, además de autor de títulos emblemáticos. En los cinco años que estuvo con la banda se cruzó con otras grandes estrellas de rock y vivió junto a ellas sucesos de todo tipo…

 

Nada menos que con el gran Bo Diddley estuvieron de gira The Clash. El batería recuerda: “Nos entendimos muy bien y viajábamos juntos en autobús. Cuando yo tocaba bien siempre me hacía un gesto con la cabeza, y una vez me hizo un gran cumplido, pues me dijo que yo era el único batería blanco capaz de tocar y sentir los ritmos que él creaba. Recuerdo que al subirse al bus colocaba cuidadosamente su guitarra en su litera y él dormía en la butaca, de modo que, en caso de problema o accidente, la guitarra estaba a salvo. Era tan bueno que tocaba con una banda diferente en cada ciudad sin problemas”.

 

Headon vivió una temporada en Nueva York, de modo que no tardó en contactar con neoyorquinos tan aficionados al droguerío como él. Uno de estos fue Johnny Thunders, de los New York Dolls, de quien conserva un chocante recuerdo: “Un día estaba en un taxi con una chica con la que yo estaba saliendo, estábamos en la parte trasera de un edificio esperando a que Johnny bajara. Entonces ella me dijo ‘Mira, conozco a Johnny, y si yo fuera tú, iría ya a la puerta delantera del edificio’. Así que le pedí al taxista que diera una vuelta. Un tipo salía corriendo, ¿quién era? Johnny. Iba corriendo con mi equipo. Le grité, ¡Johnny!  Volvió la cabeza y sólo dijo ‘¡Ahhh!’ y simplemente volvió a subir al taxi. Si no hubiéramos dado la vuelta al edificio se habría ido calle abajo con mis cosas. Así era Johnny. Luego se comportó como si nada hubiera pasado”.

 

Uno de los baterías al que Topper Headon admiraba fue Keith Moon, cuyo encuentro le resultó inolvidable: “Yo estaba en un bar cuando vi a Keith Moon, que era un héroe para mí desde pequeño. Alguien me lo presentó y fue muy amable. Era muy animado, a veces parecía fuera de sí, pero siempre era muy sociable, divertido y como zumbando alrededor de todos. A la mañana siguiente encendí la tele y dijeron que había muerto…, de repente la experiencia del día anterior me pareció surrealista y recordé que Keith me dijo que sí, que había oído hablar de The Clash”.

 

Como todo el que visitaba Nueva York, Topper Headon fue una noche a la discoteca Studio 54: “Allí vi a Charlie Watts en una esquina bebiendo tranquilamente una cerveza. Me acerqué y me presenté, y él me dijo ‘siéntate conmigo’; éramos baterías y empezamos a charlar sobre la batería, los Stones y The Clash. Entonces apareció Keith Richards con un par de guardias de seguridad que, en realidad, lo traían en volandas. Charlie le dijo ‘¡Oye Keith, Topper de The Clash está aquí’. Keith, borracho y muy colocao, caminó hacia nosotros tambaleándose, tropezó y se sujetó a mi hombro. Un fotógrafo sacó la foto, en la cual parece que Richards y yo somos dos amigos de toda la vida divirtiéndose juntos…, cuando la realidad era que no podía mantenerse en pie”.

 

Un verano The Clash estaba tocando en Noruega: “Era verano, cuando hay luz las 24 horas del día los siete días de la semana. Joe Strummer y yo nos quedamos despiertos toda la noche trasegando alcohol en su habitación, hasta que él se desmayó. Y como Joe era vegetariano le coloqué un par de lonchas de salami sobre los ojos, y luego cogí su pasaporte y dibujé un bigote y una barba en la foto con un rotulador verde. Al día siguiente volamos a Alemania Occidental; era la época del grupo terrorista Baader-Meinhof, así que la seguridad era muy estricta. Joe le entregó su pasaporte al funcionario, quien levantó la mirada furioso…, Joe no sabía por qué aquel tipo lo miraba así. Entonces el tronco le mostró el pasaporte y Joe supo inmediatamente quién le había gastado tal bromita. Nos reímos a carcajadas. Y cuando volvimos a pasar una aduana Joe se puso un bigote y una barba verdes, de modo que cuando el funcionario lo miró él estaba igual que la foto del pasaporte. Reímos durante horas”.

 

Y también compartió horas con Lemmy, de Motörhead: “Estuvimos juntos varias veces, aunque recuerdo poco. Él estaba siempre, siempre colocao. Una vez, en su casa, le pedí una raya y me la ofreció en la punta de un cuchillo…, un movimiento torpe y descontrolado y… sangre por todas partes saliendo de mi nariz. No me acuerdo de nada más, sólo de la sangre”.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

miércoles, 13 de noviembre de 2024

LOS REGISTROS HISTÓRICOS DEMUESTRAN QUE LAS INUNDACIONES NO SON PRODUCTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO

 


La gran riada que sufrió Murcia en 1879, según el famoso ilustrador Gustavo Doré

 

Después de inundaciones, gotas frías, riadas y otras catástrofes por agua hay muchos que tienden a echar la culpa al cambio climático, que es el comodín o solución de talla única para todo. Sin embargo, los datos históricos señalan que todo el litoral mediterráneo español ha visto infinidad de calamidades como la que ha tenido lugar en la región valenciana en 2024

 

Hay noticias de desastres de este tipo mucho antes de que se empezara a hablar de cambio climático y, evidentemente, siglos e incluso milenios antes de que se iniciara cualquier actividad industrial y el consumo global de combustibles fósiles.

 

La cuenca del Turia-Júcar ha sufrido episodios de inundación de forma más o menos periódica, y de ello se tiene constancia desde épocas romana e islámica. La región de Valencia presenta inequívocos registros geo-arqueológicos de inundación, y están acreditados por cronistas e historiadores desde el siglo XIV. Se tiene crónica segura de gotas frías desde el año1328 en la cuenca Turia-Júcar, y se han registrado de modo recurrente desde entonces cientos de sucesos de este tipo que han causado grandes desastres en toda la zona. Se sabe que en 1473 se produjo una inundación que arrasó cientos de casas en torno a Alzina; otras posteriores marcan inundaciones que van desde 2.80 metros hasta casi 4 metros en Camino Real, Alzira, Carcagente … Hubo años en que apenas se produjeron riadas y desbordamientos importantes, mientras que otras épocas vieron varias catástrofes en un año.

 

En la cuenca del Segura se han registrado y acreditado alrededor de trescientos siniestros provocados por riadas, desbordamientos o lluvias torrenciales desde el siglo XIII. Los escritores, cronistas e historiadores señalan los tremendos aguaceros de la segunda mitad del año 1259; las aguas inundaron y destruyeron miles de hectáreas de la huerta, mientras que el barro y todos los materiales arrastrados por el agua cegaron todos los cauces de acequia hasta el punto que aquellas tierras no recibieron agua del río durante casi ochenta años. En 1416 se desbordaron los ríos Guadalentín y Segura, llegando la avalancha de agua a derruir parte de la muralla de Murcia y destruir más de seiscientas casas. En 1504-05 volvieron a desbordarse catastróficamente ambos ríos perdiéndose todos los sembrados e incluso inundando la ciudad de Murcia y toda su huerta… Durante los siglos siguientes se repitió una y otra vez la crecida e inundación, como demuestra la kilométrica relación de riadas y desastres por agua que ofrece la ‘Cronología de riadas de la cuenca del Segura’ en la página web de la cuenca hidrográfica del Segura.

 

En fin, por más que los políticos organicen reuniones y conferencias sobre el clima y sus cambios (a las que acuden en aviones privados), por más que ciertos científicos (enchufados y colocados a dedo en los diversos organismos y generosísimamente subvencionados), la realidad es que no está sucediendo nada que no hubiera sucedido en el pasado. Y por mucho que se reúnan, parloteen y dicten leyes y restricciones para las clases medias, donde hubo riada volverá a haberla, y será catastrófica si no se atiende a la realidad y sí a la ideología-religión del ecologismo y el cambio climático; de hecho los feligreses suelen decir ‘este cree y este no cree’ en el cambio climático, es decir, un asunto científico se ha convertido en dogma, en religión, con creyentes e infieles.

 

El negacionista es el que niega la evidencia, y hasta el momento ésta señala de modo irrefutable que no se ha cumplido ni una sola de las grandes calamidades que se vienen vaticinando desde hace más de medio siglo. Resulta sorprendente, por tanto, que nadie eche en cara a los profetas de la apocalipsis climática los fallos constantes de sus predicciones; por ejemplo Al Gore con su película ‘Una verdad incómoda’, quien en el año 2006 vaticinó que en diez años se fundirían los hielos polares, habría inundaciones de cientos de ciudades costeras, desaparición de miles de islas de Polinesia y Micronesia, extinción de especies animales… Se cumplió el plazo hace casi una década y nada de eso ha ocurrido. Y aun así hay muchos políticos y empresas que sacan copiosos réditos políticos y económicos negando la realidad y aprovechándose del miedo que han metido a la gente.

 

Se ha inculcado ese miedo a la población, que se ve asaltada por la propaganda catastrófico-climática desde todos los ángulos. Hasta el punto de que en las conferencias sobre el cambio climático se atribuye a éste cualquier desastre natural, como las riadas, lluvias torrenciales e inundaciones, a pesar de que la evidencia y los registros históricos señalan que son hechos naturales desde hace milenios.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

miércoles, 6 de noviembre de 2024

EL ROCK SIEMPRE SE HA REBELADO CONTRA LOS POLÍTICOS

 


Los grupos de rock siempre han sido rebeldes y desafiantes con la autoridad

 

Una vez más (la enésima) la casta política se retrata: cobardes, escurre el bulto, aprovechados, embusteros, sembradores de cizaña… Ya sea en medio de un desastre o en momentos sin grandes noticias, los políticos no dejan pasar oportunidad para demostrar su bajeza moral; debe ser que esta actividad corrompe invariablemente (como dijo Galdós en el siglo XIX). El rock siempre ha sido rebelde e inconformista, por lo que no son pocas las canciones que han señalado a ‘esta gente’ 

 

El rock & roll siempre ha sido vehículo ideal para lanzar mensajes de todo tipo, de modo que aunque la mayor parte de las veces hable de las cosas que en realidad preocupan a los veintitantos, hay muchas ocasiones en que el autor escribe de otras cosas que exigen mayor compromiso. Siempre ha habido cantantes protesta, compositores con temáticas sociales y costumbristas, grupos que ofrecen textos airados y exaltados contra las clases altas y, por supuesto, también bandas y letristas que se han atrevido a lanzar discursos eminentemente políticos envueltos en guitarras distorsionadas.

 

Aunque no fuera exactamente rock & roll, el músico que antes escribió en contra de los poderosos fue Woody Gutrie, que en los años de la Gran Depresión en Estados Unidos clamó contra las injusticias perpetradas o facilitadas por los políticos. En épocas más cercanas, los grupos de rock no han dejado de apuntar y tirar contra esta casta de charlatanes. Así, letras de The Clash y casi todas de los Manic Street Preachers, algunas de U2 y de REM, de los Creedence y de Rage Against The Machine, e incluso Beatles y Rolling Stones también han dado un paseo por esos caminos. Asimismo los grupos de punk y sus variantes casi siempre están inmersos en tales temáticas, pero su calidad es generalmente muchísimo más baja, y sus canciones suelen ser toscas y maniqueas.

 

No es fácil crear rock con carga política sin caer en lo fácil y demagógico, y mucho menos si dicha carga ha de ser envuelta en una buena canción con melodía sencilla y fácil de asimilar. Aunque no sean lo que se dice superventas,  merecen ser mencionadas dos canciones que combinan un texto minado contra políticos con un rock sólido y atractivo (cada uno tendrá las suyas, lógicamente); se trata del ‘Solidarity’ de Angelic Upstairs y el ‘The deceiver’ de The Alarm, dos piezas arrebatadoras, pasionales y construidas sobre rotundas bases rock.

 

‘The deceiver’ viene a significar algo así como ‘el impostor’. Es un tema publicado por el grupo británico (galés) The Alarm para su álbum ‘Declaration’ (1984). El grupo de Mike Peters siempre hizo canciones muy ideologizadas y siempre prestando gran atención a las melodías. Además de ‘The deceiver’ también son de conocimiento imprescindible piezas como ‘Sixty eight guns’, ‘The bells of Rhymney o ‘The chant has just began’. ‘The deceiver’ posee una melodía excelsa, un ambiente denso y apasionado y unos cortes y cambios que transmiten inquietud. La letra no usa tacos ni dedos acusadores, pero se entiende todo, y entre sus versos destacan pensamientos como “eres el poder y la gloria, como el ascenso y caída del Imperio Británico”; no faltan palabras acusatorias como impostor o manipulador, o delatoras como “tu presunción me pone enfermo”, “eres la codicia y el engaño”, “tus promesas se van a la basura” o “muerdes las manos que te alimentan”. No se menciona directa o explícitamente, pero se deduce con facilidad de que ese impostor (‘deceiver’), ese manipulador mentiroso y codicioso no puede ser otro que el político.

 

Los ingleses Angelic Upstarts son asimismo paradigma de grupo de rock impregnado de ideología. Surgido en plena vorágine punk (en el 77), Angelic Upstarts (sobre todo su líder, ‘Mensi’) fue desde su comienzo antirracista y antifascista, pero paradójicamente su mejor canción, ‘Solidarity’ (1983), es una canto de hermanamiento con los obreros polacos del sindicato Solidaridad, dirigido por Lech Walesa, que entonces se rebelaban contra la dictadura comunista del general Wojciech Jaruzelsky, jefe del partido comunista polaco y de las fuerzas armadas, y autor de leyes represivas que desembocaron en muertes, desapariciones y encarcelamientos por causa política o racial. El grupo antifascista se revela también anticomunista. ‘Solidarity’ es un auténtico himno que comienza suave y poco a poco va subiendo de intensidad hasta llegar a un clímax irresistible gracias a un canto inspiradísimo, fácil de retener e imposible de olvidar; es una canción que agarra para siempre. La letra comienza dejando bien claro su simpatía con los obreros polacos y el mencionado sindicato; habla de unidad, de darse la mano contra el tirano para que aprenda la lección; “dales esperanza, dales fuerza, dales fe” repite varias veces, y otras tantas se vuelve poética e incluso romántica, “como una vela ardiendo en la noche oscura, estaréis en nuestras almas y en nuestras mentes”.

 

Podrían añadirse muchas otras, como el ‘Two tribes’ (1984) de Frankie Goes to Wolliwood, en el que con mucha sorna rechaza a los presidentes de Estados Unidos y la Unión Soviética. O el ‘Bonzo goes to Bitburg’ (1986) de Ramones, en el que claman contra Ronald Reagan y Helmut Kohl. O el ‘God save the Queen’ (1977) de Sex Pistols, que carga contra la corona y el ‘régimen fascista’ e Inglaterra…

 

Son ejemplos de que se puede hacer rock con intención ideológica, política y social sin que deje de ser estrictamente rock.

 

CARLOS DEL RIEGO