El barco-hospital Wilhem Gustloff yace hundido en el Báltico con miles de víctimas.
Justo hace 80 años, a comienzos de 1945, era evidente cuál iba a ser el desenlace de la II Guerra Mundial. Sin embargo, seguían los combates, batallas, ataques y bombardeos, los cuales ya eran inútiles como objetivo militar y ni siquiera tenían propósito sicológico
Al final de la II Guerra Mundial
continuaban produciéndose duros enfrentamientos tanto en Europa como en Asia.
En algunos casos se perpetraron matanzas y degollinas contra población civil y
contra soldados heridos o enfermos que huían y que, en ningún caso, suponían
amenaza. Todo el mundo sabe de los bombardeos masivos contra ciudades sin
interés bélico, pero se conoce menos sobre las masacres ocurridas en el mar con
barcos-hospital como víctimas indefensas. Tal ocurrió en las últimas semanas de
la guerra, cuando un submarino soviético, el S-13, torpedeó y hundió el Steuben
y el Wilhem Gustloff, y con ellos a miles de personas.
Millones de alemanes, polacos y de los
países bálticos escapaban de los ejércitos soviéticos, que tenían por costumbre
torturar, matar, violar… a todo aquel que se encontraban en su avance. Por eso,
el barco-hospital Wilhem Gustloff partió del puerto de Danzig (Polonia) en
enero de 1945 en medio de temperaturas de alrededor de 20 bajo cero. Iba
cargado con unas 10.500 personas, de las cuales la gran mayoría eran soldados
heridos o enfermos, aunque también había miles de civiles (la mayoría mujeres y
niños), tripulación y personal médico, incluyendo 375 enfermeras de las que
sobrevivieron tres. En la gélida noche del 30 de enero, el submarino soviético
S-13 capitaneado por el capitán Aleksandr Marinesko, lanzó tres torpedos contra
el Gustloff (que llevaba las luces encendidas), que se fue a pique en menos de
una hora enterrando en las frías aguas del Báltico a unas 9.400 personas;
sobrevivieron alrededor de 1.200. Está considerada la mayor catástrofe naval de
la historia.
Apenas diez días después, el mismo
submarino comandado por el mismo capitán envió al fondo el Steuben, que
transportaba alrededor de 5.200 personas: 2.800 soldados heridos o enfermos,
unos 1.000 civiles, personal médico (sobre 350 entre médicos y enfermeras) y
tripulación. El Steuben se hundió en la helada noche del 10 de febrero de 1945
(también cerca de Danzig) con unas 4.500 personas; se salvaron 660.
El capitán Aleksandr Marinesko (que
poco antes estuvo a punto de ser declarado desertor al haberse liado con una
mujer sueca y abandonado su destino) hizo otros servicios, pero estos dos
fueron los que le proporcionaron su triste fama. Su mérito fue hundir dos
barcos que no suponían amenaza, de modo que fue el causante de más de 14.000
muertos entre heridos, civiles, tripulantes y personal médico. Cuando fue
preguntado sobre estos dos ataques, Marinesko declaró que el Wilhem Gustloff no
parecía un barco hospital, mientras que confundió el Steuben con el buque de guerra Emden…
Al terminar la guerra no fue
condecorado, sino que pasó a cargos de escasa entidad; en uno de ellos malversó
caudales y fue condenado a tres años en Siberia. El capitán Marinesko era un
tipo de carácter iracundo y permanentemente malhumorado, además de un
alcohólico violento, de esos que están rabiosos cuando están sobrios y furiosos
cuando borrachos. Tal vez debido a esto no obtuvo premios ni ascensos, y seguro
que por eso, por estar casi siempre beodo como una cuba, confundió el Wilhem
Gustloff y el Steuben con barcos de guerra a pesar de que ambos llevaban bien
claros sus distintivos. Murió en 1963 casi indigente y olvidado…, hasta que en
1990 fue distinguido como Héroe de la Unión Soviética por haber eliminado
‘valientemente’ a unas 15.000 personas entre heridos, enfermos, mujeres, niños,
médicos…
Innumerables fueron, al final de la
guerra, los episodios sangrientos, trágicos y militarmente inútiles.
CARLOS DEL RIEGO
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