OPINIÓN

HISTORIA

jueves, 23 de julio de 2026

CUATRO ÉXITOS DEL ROCK USADOS ESTÚPIDA Y EQUIVOCADAMENTE EN ANUNCIOS PUBLICITARIOS

 


Nike usó el 'Revolutión' de los Beatles para promocionar sus zapatillas, sin más permiso que el de Yoko y MIchael Jackson, propietario de los derechos. Pero la cosa no funcionó

 

Los músicos de rock (como los demás) viven de los discos, giras, conciertos, merchandising…, pero a veces ceden derechos de sus canciones para anuncios; y otras veces, las agencias de marketing y publicidad maniobran sutil y suciamente para tomar una canción famosa y convertirla en lo que no es con fines puramente económicos. Así, hay grandes títulos, verdaderos clásicos del rock, que han sido usados en comerciales de un modo totalmente opuesto a su intención y la de sus autores

 

Seguramente, Janis Joplin hubiera torcido el gesto si hubiera vivido en 1995, cuando la marca de coches Mercedes utilizó su canción 'Mercedes Benz' para promocionar un automóvil. El tema (del que Janis era coautora) es una  sátira del materialismo inspirada en un verso del poeta beat Michael McClure. Primero la improvisó durante una tarde de juerga nocturna, y luego la cantó sin haberla ensayado en un concierto esa misma noche. El batería Clark Pierson explicó: "Cuando ella empezó nos miramos unos a otros e intentamos seguirla”. Por si fuera poco, Janis decidió grabarla en el estudio de improviso, pero desgraciadamente fue la última canción que grabó antes de su trágica muerte. Por todo ello (espontaneidad, crítica cultural, sátira) parece contradictorio que la firma automovilística alemana la eligiera para sintonía de uno de sus anuncios. Al parecer, ésta quiso modernizar su imagen y convencer a compradores jóvenes..., que tuvieran suficiente pasta.  En todo caso, a Janis (que tenía un Porsche) seguramente no le hubiera gustado la jugada comercial; eso sí, los herederos de Joplin (sus hermanos Michael y Laura) justificaron la operación diciendo que "Es un homenaje tanto a la canción como al coche"...

 

¿Quién no ha vibrado, tarareado, entonado el 'Revolution' de los Beatles? Todo interesado sabe que el tema habla de la protesta política, de la complejidad de la revolución y, en fin, de la revolución violenta como solución. Sin embargo, en 1987 la marca de zapatillas Nike la usó para una de sus campañas. Cuando salió el anuncio, la compañía del cuarteto de Liverpool, Apple Records, demandó a Nike, a EMI, a Capitol Records y a la agencia de publicidad Wieden & Kennedy por 15 millones. Alegaron que nadie había consultado a los Beatles supervivientes..., pero resultó que Yoko Ono (siempre esta tiparraca), que estaba en directiva de Apple, había avalado el trato sin avisar a nadie. Además, Michael Jackson había comprado los derechos y legalmente podía vender la canción para publi o lo que fuera. Pero el anuncio, con su aparente intención artística, no funcionó. El tema de Lennon sobre el lado violento de la revolución, los cambios sociales y la ingenuidad de ciertos revolucionarios tenían demasiada profundidad para un simple y ramplón mensaje comercial.

 

Pocos temas se atreven a hablar de las subculturas urbanas, transgresoras y marginales (originalmente de Nueva York, pero en realidad de cualquier ciudad) como el hipnótico 'Walk on the wild side' de Lou Reed, con su secuencia de bajo, su voz irónica, sus coros hechizantes, su saxo... Producida por Bowie y Mick Ronson, hace referencia a prostitutas, homosexuales, transexuales..., a comienzos de los años 70 del siglo pasado. Lou Reed no ganó mucho con la canción, al menos cuando salió, pero lo situó definitivamente en los altares del rock & roll y le dio gran reconocimiento en la prensa especializada. Pero claro, Reed necesitaba y deseaba más dinero que prestigio. Por eso accedió, en los años 80, a que fuera sintonía de un anuncio de motos Honda, y en 2011 de la marca de ordenadores HP. Los más ortodoxos señalaron que Reed, en otro tiempo adalid antisistema, se había dejado comprar; sin embargo, en 1986 (Lou murió en 2013) declaró: "También yo tengo que pagar el alquiler, ¿y no pueden aceptar una maldita broma?".

 

En 2002 la marca de pantalones vaqueros Wrangler usó el 'Fortunate son' de los Creedence para anunciar su producto. Las imágenes muestran gente riendo y disfrutando bajo la bandera de EEUU..., aludiendo a lo 'afortunadas' que eran esas personas. Sin embargo, la intención de la canción es muy diferente, pues es una crítica dura y descarnada del reclutamiento de los jóvenes para ir a la guerra de Vietnam, pues viene a decir que el 'Hijo afortunado' paga y se libra, mientras que los otros... Esto es lo que quiso denunciar John Fogerty cuando la escribió en 1969. El spot elude las frases más embarazosas y evidentes, las que se refieren a la guerra, dando a la canción un barniz de felicidad que tendrían los compradores y consumidores de esos pantalones. NI que decir tiene que el propio Fogerty cogió un enorme berrinche, pero como había sido engañado para vender sus derechos a Fantasy Records, o sea, al timador Saul Zaent, no pudo decir nada, ni denunciar, ni señalar a Zaent como manipulador.

 

Son cuatro, pero, en realidad, la lista de piezas emblemáticas del rock cuya intención ha sido tergiversada por la publicidad podría alargarse bastante.

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 8 de julio de 2026

LA IDEOLOGÍA POLÍTICA CONDUCE, INEVITABLEMENTE, AL FANATISMO



 El fanatismo ideológico condujo al apoyo a los nazis aun cuando ya se sabía qué estaban haciendo. Algo parecido sucede hoy en democracias occidentales


La ideología política nubla la mente y oscurece la razón. Así lo expresaron algunos pensadores. Resulta oportuno recordar (otra vez) al alemán Ernst Jünger, quien vivió más de un siglo y, como él dijo, tuvo tiempo para vivir y sentir todas las ideologías, después de lo cual concluyó que “la verdadera libertad sólo se alcanza cuando uno se sacude la ideología política, ya que ésta termina por esclavizar la mente”. Esta evidencia se confirma continuamente, puesto que la mayoría de las personas no cambian el sentido de su voto hagan lo que hagan ‘sus’ líderes políticos

 

“Yo votaré a este partido aunque le esté quitando la comida de la boca de mi hijo”, manifestó sin el menor rubor una mujer cuando se acercaban unas elecciones. Igualmente, en la misma circunstancia, un hombre proclamó, no sin cierta dosis de orgullo, que “yo votaré a este político aunque me haya robado la cartera y se haya acostado con mi mujer”. Son dos muestras (podrían recordarse muchas otras de similar intención) de que la ideología política se ha impuesto a cualquier razón, a cualquier evidencia, a cualquier modelo de cordura. Se confirma, sin la menor duda, lo que Jünger afirmaba sobre la forma con que la ideología política termina por arrebatar la libertad de pensamiento a las personas, convirtiéndolas en esclavas, en marionetas que pensarán lo que la ideología y los líderes políticos les digan: qué pensar, qué decir, qué hacer.

 

“El actual gobierno mete miedo, pero yo seguiré votando al partido que lo sostiene”. “No cabe duda de que son unos corruptos sin conciencia, pero yo volveré a votarlos”… Son algunas de las respuestas que dan ciertas personas a los entrevistadores de las empresas de sondeos cuando se acercan unas elecciones: el fanatismo se impone a la razón. Quien opta por una papeleta de voto u otra en función de las personas y sus actos, y no en función de las siglas de este u otro partido político, se puede quedar de piedra ante el modo de ‘pensar’ de quienes manifiestan tal grado de fanatismo.

 

Durante la tiranía nazi en Alemania (de 1933 a 1945) la gran mayoría de los alemanes apoyaron incondicionalmente al Führer; cierto que quienes se expresaron en contra fueron rápida y sistemáticamente eliminados: comunistas, socialistas, demócratas, críticos…, además de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados físicos y mentales. Pero la realidad es que la población en general defendió fanáticamente al líder, incluso denunciando a quien se atrevía a manifestar no ya críticas, sino simples dudas (hay alguna excepción, como la protagonizada por la organización ‘La rosa blanca’ en 1942-43, que terminó con todos en la guillotina). Cuando ya estaban en marcha los campos de concentración y exterminio, los guetos, las ejecuciones sin juicio (o con juicio si el juez era Roland Freisler o parecidos), la invasión de Polonia, Bélgica, Holanda, Francia, Rusia y, en fin, la guerra contra todo y contra todos, el partido nazi no perdió el favor sincero de los germanos; de hecho, ni siquiera cuando a finales de 1944 ya se sabía que la guerra estaba perdida los ciudadanos se volvieron contra el partido y el gobierno. Se conocen casos de fanatismo extremo: cuando el alimento ya había desaparecido de las tiendas, bombas soviéticas cayeron sobre unos caballos, que permanecían destripados en medio de la calle; los hambrientos berlineses corrieron a descuartizarlos y repartir la carne cuando llegó un fanático funcionario, sacó la pistola y preguntó si esos animales habían sido sacrificados siguiendo la ley (Hitler promulgó leyes muy estrictas sobre bienestar animal), y sólo depuso su actitud cuando comprobó cómo habían muerto los caballos. En otra ocasión, con los rusos a unos pocos kilómetros de Berlín, el hambre llevó a los vecinos hasta un almacén donde aun había algo que comer, pero al llegar se encontraron con que el funcionario, respaldado por dos SS, se negó a entregar la comida sin una orden escrita de la superioridad, y ello a pesar de que ya se oían las orugas de los tanques rusos; frustrados, los berlineses se fueron con las manos vacías, pero aun pudieron escuchar, poco después, como las bombas destruían ese almacén…, es decir, el funcionario fanático prefirió que los víveres se quemaran ates que entregarlos a los hambrientos.

 

Ese fanatismo ciego, extremo, irracional, demencial, es el que condujo a la población alemana a sostener al Führer y no conjurarse contra el partido y el gobierno. Y no sólo al final. Hace años se publicaron miles de cartas escritas a sus familias por soldados de la Wehrmacht destinados en los frentes o en los campos de exterminio, cartas en las que explicaban qué estaban haciendo, cómo mataban y asesinaban a hombres, mujeres y niños sin el menor remordimiento, con frases como “parece cruel pero es necesario”, “cumplimos las órdenes con entusiasmo, pues vienen del Führer”, “no se cuestiona ni se duda cuando se nos ordena matar a mujeres, niños o sumisos”… Es decir, la población ya sabía qué estaba pasando, qué ocurría y cómo se trataba no sólo a los prisioneros, sino a los no combatientes y a los encarcelados por ser de esta etnia, pensamiento u origen. Pero ese conocimiento no produjo ninguna crítica, ninguna duda de conciencia, ninguna desconfianza o indecisión.

 

A situaciones tan terribles como estas conduce el fanatismo que lleva a alguien a proclamar con orgullo que seguirá votando a este partido y a este líder político haga lo que haga. Muchos se han preguntado cómo los alemanes (tenidos por racionales y lógicos) pudieron caer en las redes del Partido Nazi. Hoy se puede ver cómo en los países democráticos se llega a eso.         

 

La ideología política, en fin, distorsiona el pensamiento y fanatiza a la persona. Comprobado. Pero aún así, hay quien cae en la trampa, como quien entra en una secta sabiendo lo que es y lo que van a hacer con él.

 

CARLOS DEL RIEGO